lunes, 2 de septiembre de 2013

Jerarquia e inteligencia


La jerarquía e inteligencia en el mundo de los perros.

 

La idea de jerarquía dentro de una manada nos ha seducido a todos alguna vez. Ciertamente, si observamos un grupo de perros vemos que hay algunos más dominantes que otros, otros son más tranquilos, otros más juguetones. Pero, ¿es posible la jerarquía dentro de una manada de perros? La respuesta rápida es que no, y cuando analicemos lo que es la jerarquía nos daremos cuenta de que no es posible, por lo menos como la entendemos.

La jerarquía es una forma de organizar una sociedad en base a unos principios morales impuestos por la cúspide de esa sociedad, que suele tener una estructura piramidal. El ejército es una sociedad jerárquica, igual que la iglesia o un club de futbol. Debemos, y ese es el espíritu de una jerarquía, aceptar las normas, tanto organizativas como morales de ese grupo, si queremos pertenecer a esas sociedades.

En el mundo de los perros eso no se da. Pero sí se organizan siguiendo los mismos parámetros que nosotros, los humanos, juntándose en grupos de individuos que tienen un carácter compatible, y según los recursos que se encuentren en el entorno. No necesitamos mirar muy lejos de donde estamos para darnos cuenta que nuestro grupo está formado por gente con la que nos llevamos bien. Los perros también eligen sus amistades entre individuos con los que se llevan bien. Y tiene su explicación: el perro es un animal gregario que necesita al grupo para poder cazar su alimento y defenderse de sus depredadores. (Es curioso ver como a los perros les gusta correr junto a otros perros. Si tienes perro deberías experimentarlo si no lo haces) Para los perros, la unión hace la fuerza, y como veremos, en el mundo de los perros rige la ley del más fuerte.

Los caracteres básicos del perro son tres. Se denominan dominancia, sumisión e independencia.  La personalidad de cada perro depende del porcentaje que le aporte cada carácter. El perro equilibrado es el que armoniza los tres caracteres. Estos grupos y la forma de equilibrar a un perro están explicados en la anterior entrada.

Los perros forman un grupo, no una manada, pues esta tiene connotaciones familiares, que en los perros se pueden dar o no, depende de las circunstancias. Un grupo puede formarse con individuos de distintas razas, sin que haya ningún vínculo familiar entre ellos. Y no hay ningún ordenamiento moral que agrupe a los individuos, solamente la compatibilidad de caracteres, por lo que habrá que estar muy atento se teniendo perro queremos adoptar otro. Actúan según las circunstancias, y muestran el carácter según la situación, dominando, por este orden, el más fuerte físicamente, el de más fuerte carácter o el más inteligente. Siempre compiten por los recursos si merece la pena. Si tenemos un grupo de 10 perros, y les damos carne cruda de comer en un montón, el perro más fuerte peleará para comer el primero. Pero si en vez de una comida muy palatable les damos pienso seco, el perro más fuerte se mostrará indiferente ante la comida, si no tiene hambre.  Lo mismo pasa si les encerramos juntos en un chenil. Si metemos a dos perros de carecer fuerte en el mismo sitio es posible, o seguro, que se pelearán por el rincón más confortable. Por lo que a la hora de adoptar un segundo perro debemos compatibilizar esos caracteres: si nuestro perro es dominante, busquemos uno sumiso, si es sumiso, otro sumiso o equilibrado. El perro independiente suele ser desobediente, “va a su bola”. Si queremos adoptar un perro dominante, de carácter fuerte, debemos estar preparados para corregir conductas agresivas en cuanto lleguemos a casa. Lo mejor que podemos hacer a la hora de adoptar un perro es dejarnos aconsejar por un experto.

Cuando observamos estas conductas nos puede parecer que se está estableciendo un principio de jerarquía, pero no es así. Es simplemente la ley del más fuerte.

Pero, ¿se puede encontrar algún tipo de organización social dentro de un grupo de perros? Sí. Y aquí es donde entra el concepto de “líder”.

En un grupo de perros no hay un líder absoluto. El humano que vive con ellos no es líder, es el más fuerte, o debería serlo. Y ellos siguen la ley del más fuerte. Pero a veces desobedecen por diversas razones. Ya hemos comentado que el perro puede mostrar agresividad o indiferencia según el alimento que le ofrezcamos. Esto nos hace deducir que “eligen” según sus gustos o necesidades. De la misma forma, el estado de calma y sumisión sólo se manifiesta cuando el perro quiere. Ese estado de calma es el que muestra si no tiene nada mejor que hacer, cuando no recibe ningún estímulo o simplemente cuando no le interesa la actividad que se está desarrollando. Pero en determinadas circunstancias se convierten en seguidores, si hay un estímulo positivo que lo provoque, por ejemplo cuando a un “venakí” le añadimos un “toma” mostrando un premio. Ellos se suman a esa actividad que alguno ha propuesto, como un “hevistounconejo”, dependiendo de que les parezca buena idea o no, como sucede en el tiro de perros del mushing o en los grupos de caza de las realas. No es un auténtico liderazgo, pues esto significaría que existe una jerarquía, y ya hemos visto que no.

Los perros se juntan en grupos de individuos con caracteres compatibles, entre ellos se crean lazos de compañerismo y colaboran en la búsqueda de recursos y en la defensa del grupo. (Instintivamente se colocan en formación de caza cuando detectan una posible presa, formando un semicírculo que trata de rodearla cortándole las salidas, y cada uno ocupa su puesto permaneciendo al tanto de las reacciones de los otros miembros del grupo) Pero no se establece ninguna relación de liderazgo. En esta formación de caza el más fuerte o el más audaz inicia el ataque y los demás se suman. Un grupo de perros es una anarquía a la que cada uno aporta según su fuerza, carácter o inteligencia.

Y es precisamente en esa ausencia de seguidismo en donde deberíamos buscar rasgos de inteligencia en el perro. Si un perro elige hacer una cosa o no hacerla, de hacerla de una manera o de otra, de proponer alguna actividad como el juego, la caza, el paseo, es señal de que en su cerebro hay un proceso mental de discriminación de conductas y de actividades, lo que es un indicio de pensamiento abstracto. Si me paro a pensar que hacer y visualizo la acción, es signo de que soy capaz de imaginar, y por lo tanto de pensar y razonar.

¿Y de comunicarse? A razonar se aprende, y a comunicarse también, y eso lo sabemos muy bien los humanos, aunque nuestro pecado sea tratar de racionalizarlo todo. El aprendizaje del lenguaje es eso, aprendizaje. Porque una cosa es la razón y otra el racionalismo. Y los perros necesitan un código para poder expresar sus deseos.

Ese código podemos (y debemos) enseñárselo nosotros.

 

lunes, 26 de agosto de 2013

¿Que es un perro?


¿Qué es un perro?

La pregunta estaría mejor formulada así: ¿Qué función realiza el perro en nuestras vidas?
El perro es un animal de compañía, que eventualmente y previo entrenamiento puede realizar tareas de servicio, rescate, trabajo o guarda y defensa.

 Además dentro de la cualidad de perro de compañía, puede realizar funciones que van más allá del mero “hacer bulto”. El perro puede realizar un servicio de compañía activa en personas mayores o con discapacidades para la vida cotidiana. (Un perro puede ir abriendo las puertas delante de una persona que no alcance el picaporte, avisar de algún problema en el caso de accidente domestico o ayudar a la movilidad tirando de una silla de ruedas) Además un perro de compañía puede ser el ideal compañero de juego o de actividades deportivas, agility aparte, como el canicross,  ciclismo de montaña, y muchas más..
¿Y una mascota? Definitivamente no. Un perro no es algo que se pueda dejar en el garaje hasta el fin de semana. Un perro necesita cuidados diarios, y si no se les procuran puede morir. Una mascota no necesita cuidados.

Conducta canina. Estímulos internos y externos.

Los perros, al igual que nosotros y todos los seres vivos de la naturaleza, reaccionan a estímulos que, dependiendo de su origen pueden ser internos o externos.

Los estímulos internos son producidos por las hormonas, las endorfinas, los neurotransmisores, y en general, una serie de elementos bioquímicos producidos en el sistema endocrino. Por ejemplo, el hambre.
Los estímulos externos son los que nos llegan a través de los sentidos, un exceso de luz nos hace cerrar los ojos, el frío nos hace buscar abrigo, etc.…
Los estímulos internos y externos tienen la función de hacernos buscar el bienestar.

La comunicación entre especies.

La comunicación entre especies es posible a nivel básico. La comunicación consta de 5 elementos: emisor, receptor, mensaje, código y medio. En cuanto al emisor y al receptor, en nuestro caso pueden ser el humano y el cánido indistintamente. El código debe estar adaptado a las posibilidades del perro, que como veremos más abajo, está condicionado por sus características físicas. El código debe estar formado por una serie de signos, gestos, miradas, voces y señales sonoras del humano y del perro, ladridos, aullidos y gruñidos. A todo se le puede dar un significado. El medio es el aire y el espacio, tenemos que tener contacto visual con el perro para realizar esta comunicación, excepto en señales de alarma.

La conducta humana también es un estímulo, en este caso externo, que puede actuar sobre el perro de una forma positiva o negativa, dependiendo de nuestra acción. Para el perro no existe el bien o el mal, pero si el cariño, el miedo y el recelo. Nuestras acciones provocan reacciones en el comportamiento el perro. Hay unas acciones humanas que para nosotros son inconscientes y que para el perro tienen un significado concreto. Los perros entienden la expresión corporal, los olores, las emociones, los cambios en la bioquímica corporal. Todo se convierte en un estímulo para el perro, que puede ser positivo o negativo. Nuestro estado de ánimo tiene que ser equilibrado antes de comenzar cualquier entrenamiento con un perro, pues si estamos nerviosos o excitados, tenemos miedo o mostramos agresividad, aunque sea de forma involuntaria, no obtendremos resultados adecuados. Por lo tanto, si hacemos un ejercicio de auto análisis y descubrimos cualquier elemento que pudiera hacer reaccionar de forma negativa al perro, debemos suspender el entrenamiento.

Tipos de conductas caninas.

El perro se expresa de cuatro conductas diferentes.

  1. conductas normales: son aquellas que se corresponden a la naturaleza del perro, aunque nos puedan parecer incómodas, o incluso asquerosas. Por ejemplo el comer cacas o revolcarse en animales muertos o incluso comérselos. Estas conductas están ligadas a su psique y forman parte de su instinto. El comer cacas tiene la función de conocer a quien las ha depositado, pues de todos es conocido que el sentido del olfato de los perros es legendario. Su órgano olfativo es capaz de discriminar cientos de sustancias dentro de la misma bocanada de aire. Y el gusto está muy relacionado con el olfato. El revolcarse en animales muertos es un recuerdo de su instinto ancestral de caza, y el comer carne muerta, de sus antepasados carroñeros. Este tipo de conductas no conviene reprimirlas, pero sí corregirlas sin hacer mucho hincapié o poner mucho énfasis, pues el perro las considera normales, y un castigo en esta situación es contraproducente, puede provocar que empeore la conducta haciéndolo a escondidas. Es mejor alejarle del estímulo desviando su atención hacia algo positivo, como un juguete.
  2. conductas tolerables: son conductas típicas del perro que se deben tolerar pues tienen gran importancia en el proceso de la socialización, como es el oler el culo de otros perros, el gruñido en el juego siempre que no vaya dirigido a la posesión del juguete, a menos que queramos un perro para guarda y defensa, (esto merece un capítulo aparte) el orinar pequeñas gotas en cada árbol, (a algunos perros les parece molesto que el animal orine varias veces pequeñas cantidades durante el paseo, pero es una conducta normal que tiene que ver con la territorialidad y la comunicación con otros congéneres, ya vimos más arriba que los perros reaccionan a la presencia de substancias químicas) En este tipo de conductas debemos tener paciencia y darle el valor que se merecen. Dentro de estas conductas esta también la de “ignorar” nuestra orden. A veces el perro necesita investigar algo, ya sea por haber recibido una alerta o simplemente por haber captado un olor atrayente, y no atiende al “venaquí”. Debemos esperar unos segundos, observar sus reacciones, y apenas levante la cabeza volver a llamarle con más fuerza.
  3. conductas adecuadas e inadecuadas: son aquellas que nosotros permitimos hacer o no hacer al perro, respectivamente. Dependen en gran parte de la moral que queramos inculcar al perro. Para algunas personas es adecuado que el perro se suba a las camas, a la mesa, que salte encima de la gente. Para otras no es adecuado ninguna de ellas. El dueño es el responsable de elegir que es adecuado o inadecuado. Pero siempre es inadecuado aquellas que tengan que ver con la higiene, como el defecar y orinar en zonas inapropiadas, el lamer los alimentos. Saltar encima de los invitados puede ser a veces bochornoso, así que se debería considerar inadecuado. Esta última actitud podría considerarse tolerable si la hace hacia el dueño como expresión “vamos a jugar”, pues es lo que significa. Si el perro salta sobre nosotros es una invitación al juego, lo mismo que si nos sujeta las manos con la boca, en gesto de mordida, o nos muerde o empuja los pies, el tendón del talón, o el culo. Es un gesto para hacernos correr. O si nos esconde los juguetes, o nos ladra.
  4. conductas intolerables. Son aquellas que de efectuarse pueden causar una lesión o un accidente, como la agresividad o la histeria. La agresividad sin motivo es intolerable incluso en adiestramientos de defensa y ataque, (fijaros que no digo guarda y defensa) un perro que muestre cualquier nivel de agresividad puede ser expulsado de los eventos deportivas. La histeria, o conductas excesivamente nerviosas, aunque las he calificado de intolerables, deben ser tratada previo examen veterinario para descartar cualquier patología neuronal, (también seria conveniente que se realizara el examen en caso de agresividad. Hay patologías como la rabia que, al afectar al hipotálamo, puede provocar agresividad) Esas conductas hay que corregirlas en el instante previo a que se produzcan, por lo que hay que estar atento a las señales físicas previas, como una mirada cruzada o un excesivo movimiento de rabo. Tirar demasiado de la cadena también debe ser considerada una conducta intolerable, pues puede escaparse, tirarnos, en definitiva, provocar un accidente. Es en estás conductas, y sólo de la forma adecuada, en donde está justificado el castigo, siempre que se haga como hemos dicho en la forma adecuada. Y ciertamente por que el perro educado mediante métodos en los que se abusa del castigo y otros estímulos y refuerzos negativos resultan ser perros inseguros que suelen manifestar agresividad, debemos procurar utilizarlos siempre como mal menor, después de haber descartado todos los estímulos positivos.


Para erradicar una conducta inadecuada o intolerable deberíamos primero hacer una visita al veterinario para descartar cualquier patología. Por ejemplo, que un perro se orine en casa puede ser debido a que sufre incontinencia, por edad, por ser un cachorro o muy viejo, o por alguna parasitosis. Que ladre mucho puede ser debido a un episodio de ansiedad, que se podría tratar con ansiolíticos si una terapia psicológica no funciona. En cualquier caso, se debe consultar primero a un veterinario para descartar cualquier enfermedad o lacra.
Y después paciencia. Hay tantos métodos como entrenadores y los que mejor funcionan son los que se improvisan sobre la marcha. Hay que observar al paciente, elaborar un diagnostico lo más acertado posible y elaborar el tratamiento adecuado. Muchas veces un problema grave tiene una solución sencilla, (el perro nervioso debería hacer ejercicio o jugar más) otras veces un problema sencillo nos puede llevar a un autentico quebradero de cabeza, como la rivalidad entre hermanos. Dicen que castrando.


martes, 20 de agosto de 2013

Inteligencia canina. ¿Razonan los perros?

Pues la gente tiene sus dudas, y es normal.
Ningún perro se ha licenciado en Harvard, pero muchos humanos tampoco. Y la duda surge por que la pregunta está mal planteada, pues debería ser la siguiente:
La facultad de razonar, ¿se aprende o es innata?
 En sentido amplio, se entiende por razonamiento a la facultad que permite resolver problemas, extraer conclusiones y aprender de manera consciente de los hechos, estableciendo conexiones causales y lógicas necesarias entre ellos. En sentido más restringido se puede hablar de diferentes tipos de razonamiento:
  • El razonamiento argumentativo en tanto actividad mental se corresponde con la actividad lingüística de argumentar. En otras palabras, un argumento es la expresión lingüística de un razonamiento.
  • El razonamiento lógico o causal es un proceso de lógica mediante la cual, partiendo de uno o más juicios, se deriva la validez, la posibilidad o la falsedad de otro juicio distinto. El estudio de los argumentos corresponde a la lógica, de modo que a ella también le corresponde indirectamente el estudio del razonamiento. Por lo general, los juicios en que se basa un razonamiento expresan conocimientos ya adquiridos o, por lo menos, postulados como hipótesis.[1] Es posible distinguir entre varios tipos de razonamiento lógico. Por ejemplo el razonamiento deductivo (estrictamente lógico), el razonamiento inductivo (donde interviene la probabilidad y la formulación de conjeturas) y razonamiento abductivo, entre otros.
  • (sacado de la wiki)

    Tendemos a mezclar el razonamiento con la forma de expresar el razonamiento. Los perros no hablan ni tampoco resuelven problemas matemáticos. Pero de alguna manera son capaces de "establecer conexiones causales y lógicas" con los objetos que les rodean.

    Se les puede enseñar una forma de comunicarse, el "sit" y el "plas" es un ejemplo, al igual que las señas de caza o los silbidos de los pastores, por lo que son capaces de establecer un código de lenguaje. Pero, al igual que a nosotros, ese código de lenguaje corresponde a un sistema convencional, es decir, que relaciona una idea con un simbolo. Y ese símbolo tenemos que ponernos de acuerdo entre muchos para que tenga significado.
    El lenguaje, al igual que las matemáticas, no son ignatos, se aprenden.
    Pero, ¿razonar es una facultad que se aprende? pues indudablemente. Si los humanos tuvieran la facultad de razonar de forma innata, no habría guerras, siempre nos pondriamos de acuerdo en nuestros conflictos y nuestra vida sería mucho más feliz. Pero todo el mundo sabe que no es asi, y es por que el ser humano se mueve a partir de su instinto de supervivencia, igual que el resto de los animales. Y en los instintos, de razón, poco.

    Entonces ¿se puede enseñar a razonar a un perro? Pues por poderse, se puede. Y sería capaz de resolver problemas lógicos sencillos si nos tomasemos la molestia de perder unos minutos al día con él, estimulando su inteligencia con problemas fáciles, el busca la pelota, dime que te la de, inculcarle la palabra sigueme, o dame...

    Si le enseñamos, o mejor dicho, si le hacemos entender que le comprendemos, facilitaremos su crecimiento interior y será capaz de dar todo lo que tiene dentro, para hacernos más y más felices.



    martes, 30 de julio de 2013

    Refuerzos positivos y negativos. El castigo.


    ¿Debemos castigar a los perros? ¿Cómo hacerlo?

    Primero deberíamos analizar qué son los refuerzos, porqué los clasificamos en positivos y negativos, para que sirven y como se usan.

    Un refuerzo es una acción que se realiza para dar más fuerza a la impresión de una orden o una corrección de conducta inadecuada. El refuerzo se basa en la personalidad y carácter del perro.

    Los perros tienen un carácter hedonista. Sólo hacen lo que les parece divertido, y rehúsan lo que no les divierte, que les causa malestar, o simplemente aquello que les da “mal royo”. El refuerzo positivo debe ir en la línea de proporcionar al perro como premio alguna cosa divertida cuando su conducta es la correcta. Así relaciona las buenas acciones con el premio que va a recibir después. Si se utiliza en exceso puede tener resultados contradictorios, aunque también útiles. Por ejemplo, si le damos una golosina (refuerzo positivo) cuando nos da la pata, no le enseñamos a dar la pata, si no a pedir golosinas. Pero aunque parezca contradictorio, el perro aprenderá a que cuando quiera algo, como salir a la calle para hacer sus cosas, se acerque a la puerta, se siente y nos levante la pata. Hemos convertido un error de enseñanza en algo positivo.

    El refuerzo negativo debe ir más allá del “no”. Para el perro un “no” no significa nada si no lo ponemos dentro de un contexto, como es el castigo.

    El castigo no es sinónimo de maltrato, pero si no se aplica correctamente puede llegar a serlo. Si el perro defeca en un lugar inadecuado, como el salon de la casa encima de la moqueta, no debemos castigarlo cuando vemos el “regalo”, pues el perro sólo he hecho sus necesidades, que por otro lado, en algún sitio tenía que hacerlas. En este caso bastaría con estar al tanto y llevarle al sitio adecuado en el momento en el que muestra indicios de hacer sus cosas.

    El castigo no es un estacazo, un correazo, una patada. El castigo es una acción mesurada, limitada y que sólo se debe realizar cuando no queda otra, y siempre para evitar un mal mayor. Por ejemplo, si estamos enseñando a que el perro se siente al llegar al bordillo antes de cruzar la calle y que espere a que le demos la orden de seguir, y no obedece después de haberlo intentado con todo tipo de refuerzos positivos, tenemos que usar el golpe de voz.

    El golpe de voz no es una cadena de gritos histéricos, si no una voz fuerte, con tono de enfado que va acompañada de un tirón de la cadena. Generalmente funciona a la primera, y el perro aprende que está realizando una acción que no nos gusta. El perro lleva en sus genes la voluntad de hacernos felices, por lo que nuestro enfado es un buen refuerzo negativo. Y debemos acompañar al golpe de voz con un gesto de enfado. Los perros entienden perfectamente los estados de ánimo y sólo con esa acción es suficiente. 

    ¿Por qué no debemos pegarles? Pues simplemente porque ellos no comprenden el castigo físico. De hecho el refuerzo negativo, el castigo, incluso el deplorable castigo físico no sirve de nada si no se realiza en el preciso instante en el que el perro está realizando la acción inadecuada, pues el perro no relacionaría el castigo con la acción a reprimir.

    Parece difícil, pero no lo es. Simplemente debemos dejarnos llevar por la naturaleza. Cuando elegimos tener un perro, (para saber cómo elegir la raza del perro ver artículo anterior) nos debemos guiar por las emociones y entender que adoptar un perro es un acto de amor. Si seguimos ese instinto, ya que el amor es un sentimiento, y que los perros entienden los sentimientos y reaccionan a ellos, no deberíamos tener nunca la necesidad de aplicar ningún refuerzo negativo, y mucho menos un castigo. Además también hemos explicado anteriormente, como las serotonina incrementa tanto la memoria como la velocidad y calidad del aprendizaje. Si hacemos que nuestro perro sea feliz, este nos devolverá esa felicidad multiplicadas por siete.

    viernes, 5 de julio de 2013

    LA IRA INTERIOR, UN TRASTORNO EMOCIONAL.


            La ira interior, un trastorno emocional.

     

     

    La ira interior es un sentimiento que produce malestar anímico. Aunque en algunos casos es consecuencia de algún problema orgánico, en la mayoría de los casos es un síntoma de frustración, una especie de síndrome por el que parece que “tenemos las manos atadas”. Y lo su efecto es devastador, pues anula la simpatía, que es nuestra tarjeta de visita en las relaciones sociales.

     

    Lo más frustrante de este sentimiento es que no somos capaces de darle un origen, por lo que nos es difícil deshacernos de él. Cuando sale fuera podemos llegar a tener algún altercado con gente de nuestro entorno, enturbiando las relaciones familiares. La gente de nuestro alrededor nos deja de lado, pues para ellos es “nuestro carácter”, y no es verdad, nosotros no somos así.


    Aunque los gatos tienen un carácter más independiente, también pueden despertar nuestro lado más tierno.
    Y este sentimiento, ¿en qué afecta a nuestros perros? Ya hemos visto que la forma que tienen de relacionarse es compartiendo precisamente eso, sentimientos. Cuando mostramos ira, aunque sólo sea con la mirada, ellos lo interpretan como que estamos enfadados con ellos, y se apartan de nuestro lado. Ese mismo comportamiento es el que expresan los humanos con los que nos cruzamos, y es que inconscientemente mostramos nuestra ira a través de la mirada, en una forma que vamos a llamar “los ojos del tigre”. Realmente se nos pone mirada de asesinos.



     

    Pero aunque no podamos saber su origen, y es que a veces será imposible encontrarlo, podemos trabajar para mejorar con unos sencillos ejercicios en los que nuestro inseparable compañero de cuatro patas es una parte importante. Es uno de esos ejercicios en los que el perro se convierte en nuestro guía espiritual.







    Los perros siempre nos agradecerán nuestra simpatía con un gesto amable.



     

    El ejercicio es sencillo: nos sentamos en una silla y llamamos al perro con la mirada. Iremos cambiando los gestos hacia unos más amables y/o simpáticos, o miradas que sugieran juego, caricias, aprobación. El objetivo del ejercicio es conseguir que nuestro perro se siente delante de nosotros sin hacer ningún gesto, sin hacer ninguna llamada de atención. Solamente con la mirada.


     

    El efecto del ejercicio es inmediato si somos capaces de expresar simpatía

     

    Una vez más nuestro perro se convierte en nuestro guía espiritual. Cuando consigamos la mirada o el gesto facial que hace que nuestro perro se acerque, y si lo hace con la cabeza agachada y moviendo la cola, mejor, y si esboza una sonrisa es que hemos triunfado, guardaremos esa mirada en nuestra memoria, pues será la cara con la que salgamos a la calle la próxima vez. ¡Que grata sorpresa os aguarda a los que superéis el ejercicio! Y los que no, no os desesperéis, se trata de llegar a un estado de relajación. No pasa nada si el perro no viene las primeras veces, seguramente está desconcertado. Dadle tiempo para que se acostumbre a vuestra recién nacida simpatía.

     

    Lo más importante es que aprendamos que si la paz y la tranquilidad son la semilla de la felicidad, la simpatía que mostramos hacía los demás es abono que la hace crecer grande y fuerte.

     

    Sed felices, es lo único por lo que todavía no os cobran nada.

     

     

    miércoles, 3 de julio de 2013

    La búsqueda de la felicidad.


    Para la mayor parte de la población actual, la felicidad es una quimera. Cada día nos planteamos el porqué de tanto sufrimiento, la depresión nos aturde con sus golpes. Vamos regando la tierra con nuestro malestar.

    En esa situación, es imposible evolucionar, encontrar la solución a los problemas cotidianos. Las relaciones en nuestro círculo se vuelven insoportables, pues la ansiedad y el estrés hacen imposible una relación tranquila y sosegada con la gente de nuestro medio ambiente. Ese malestar es el motor de un continuo ciclo de eterno retorno hacia la destrucción social y familiar. La depresión hace que nuestro cerebro segregue dopamina, el neurotransmisor responsable del sueño, para aletargarnos, apagar el cerebro, con el fin de poder “limpiar” la mente de todas las sustancias neurotóxicas que se han generado durante el día. Pero ahora es en estado de vela cuando los niveles de dopamina se disparan, haciendo que pedamos atención, que nos despistemos, que cometamos errores, que hagamos daño a la gente que nos importa. Podemos llegar a perder el trabajo, las amistades, la pareja, el amor, la familia. Nuestro entorno se destruye cuando el malestar se apodera de nuestra vida. Y todo aquel que alguna vez lo haya pasado mal sabe a los que me refiero. Todo el mundo te abandona.

     

    Sin embargo, cuando sacando fuerzas de la flaqueza, somos capaces de plantar cara al destino, de tomar las riendas de nuestra vida, el malestar se difumina. Y es entonces cunado necesitamos marcar un nuevo rumbo a nuestras vidas. Alguien dijo una vez que la felicidad está en la consecución de pequeñas cosas: un pequeño chalet, una pequeña fortuna, un pequeño yate. Y tiene toda la razón. El sentido del humor, (sí, es cierto, espero haberte sacado una sonrisa) es el motor del bienestar, y el bienestar es el camino a la felicidad.


    Pero, ¿cuál es la forma en la que se desarrolla en nuestro cuerpo?

    Todo empieza con la adrenalina, que hace que tengas ganas de hacer cosas. La adrenalina es el neurotransmisor del sistema nervioso simpático, y una de sus funciones es estimular los músculos para, por ejemplo, que el corazón se contraiga, expulsando la sangre. También hace que los músculos se tensen para dar todo en un instante. Cuando empezamos un proyecto, la adrenalina es la responsable de proporcionarnos toda la ilusión del mundo para poder acabarlo. Y como premio al trabajo bien realizado, una dosis de serotonina.

     

    Y el quid de la cuestión está en la serotonina, comúnmente llamada droga de la felicidad. La serotonina es la responsable de esa sensación de bienestar que tenemos cuando decimos que somos felices. Pero su labor no acaba aquí. La serotonina también estimula los centros neurológicos relacionados con el aprendizaje y la memoria, por lo que un individuo feliz es más inteligente, aprende más y mejor.

     

    Y para lo más maravilloso de la serotonina reservo un párrafo aparte:

     

     LA SEROTONINA SE CONTAGIA.

     

    Dicho de un modo más adecuado, y se basa en la estimulación que se produce a través de nuestros sentidos. Nuestro cerebro capta cuando una persona es feliz, y por empatía empieza a producir serotonina. ¿Nunca te has emocionado el día del sorteo de Navidad cuando sale por la tele aquel agraciado que dice que gracias al premio no le van a quitar la casa? Bueno, eso es por culpa de la empatía, y por la serotonina que produce tu cerebro ante el estímulo de la buena noticia.

     

    Y en el ambiente familiar, en nuestro círculo íntimo, pasa lo mismo. Nuestra felicidad se contagia, pero también nuestro malestar.

     

    Podemos transformar el ambiente de nuestra casa simplemente siendo felices.

     

    Si, lo sé. Es muy difícil a veces, con la cantidad de problemas que tenemos, conseguir esa sensación de felicidad. Y para eso hemos creado este sitio. Para ayudarte a ser feliz.

     

    Vamos a crear entre todos una pandemia de felicidad.

     

    Pero, ¿tenemos en nuestro entorno a alguien que es feliz por naturaleza? Los que tenemos perro podemos decir sin dudar que sí. Nuestro perro es feliz sólo con estar con nosotros. Y nosotros, como ya hemos dicho que la felicidad se contagia, sólo tenemos que exponernos a ese maravilloso virus.

     

    Antes de irte a acostar, a la vez que te duchas limpiándote de suciedad exterior, límpiate de suciedad interior. Sal de la ducha con una sonrisa, acuéstate con el pensamiento de que mañana va a ser un día maravilloso, que vas a encontrar el amor, el trabajo que necesitas, las fuerzas necesarias para vivir. Y cuando te levantes al día siguiente, verás como, aunque no luzca el Sol, podrás verlo a través de las nubes. Por que pase lo que pase, mañana seguro que sale el Sol.

     

     

     

     

     

    Saludos


    Saludos.

     

    Hemos reconstruido la Web, dotándola de nuevos servicios. Estaremos a vuestra disposición en http://perrosdedospatas.260mb.org.

    Un nuevo concepto de educación canina, utilizando las herramientas de la psicología alternativa con base académica, para convertir a nuestro perro en un animal de servicio, que nos ayudará a resolver los problemas cotidianos, convirtiéndole en vuestro gurú personal.

    No dejéis de visitar la Web.

    Recordar que el grueso del curso está en las tres primeras entradas, y que si tenéis alguna duda o alguna consulta podéis poneros en contacto con nosotros en elchicodeloslobos@hotmail.com

     

    Disfrutar de vuestro perro es la forma más sencilla de alcanzar la felicidad.