Los perros se organizan en jerarquías dentro de la familia según la fortaleza del caracter de cada individuo. El individuo de´caracter más fuerte ocupa un status más elevado dentro de la familia.
No se puede pretender que los perros razonen de la misma manera que lo hacemos los humanos. Los perros utilizan la parte emotivo-instintiva del cerebro. Se mueven por emociones. (igual que los humanos, que conste)
http://www.adiestramientodeperros.com/testdecampbell.html
En ese link os pongo las pruebas para conocer el caracter del perro. Hay que tenerlo en cuenta por que el caracter determina el tipo de adiestramiento y el trabajo de adulto que va a tener el animal. Un perrro de caracter dominante hay que cuidar de que no desarrolle comportamientos agresivos, pues no dudará en lanzarnos un mordisco en alguna situación estresante. Por el contrario a un perro miedoso, o demasiado sumiso, no viene mal modificar la conducta para que sea más seguro de sí mismo. Y hay que tener en cuenta que este trabajo debe estar realizado por algún experto.
Si tienes varios perros, el test te dirá el caracter de cada perro, y así podrás actuar en consecuencia ante los problemas que vayan surgiendo, territorialidad, celos, estres, micciones inadecuadas.
No dejes de leer las otras entradas si tienes alguna duda sobre adiestramiento o de mandarme un mensaje a elchicodeloslobos@hotmail.com o saturzetaadiestrador@gmail.com
Tambien puedes agregarme en Facebook como elchicodeloslobos@hotmail.com o Satur Zeta.
Y a disfrutar del perro, que están desaprovechados, jeje
jueves, 11 de abril de 2013
miércoles, 10 de abril de 2013
Convivir con tu perro
Hay una cosa que la gente no suele tener en cuenta, y es la evolución mental del perro, desde que es un cachorro hasta su edad adulta.
De pequeños, los perros, al igual que todos los mamiferos incluido el humano, necesitan la protección de los padres, así como su apoyo y adiestramiento, para que cuando sean adultos puedan ser animales de provecho.
Estamos haciendo un gran daño a los animales al considerarlos mascotas, pues ese status les condiciona a meros animales decorativos, y les niega la posibilidad de realizarse como seres adultos.
Si tienes problemas con tus perros deberías considerar la posibilidad de que se sientan frustrados por no poder ser lo que más desean, ser perros.
De pequeños, los perros, al igual que todos los mamiferos incluido el humano, necesitan la protección de los padres, así como su apoyo y adiestramiento, para que cuando sean adultos puedan ser animales de provecho.
Estamos haciendo un gran daño a los animales al considerarlos mascotas, pues ese status les condiciona a meros animales decorativos, y les niega la posibilidad de realizarse como seres adultos.
Si tienes problemas con tus perros deberías considerar la posibilidad de que se sientan frustrados por no poder ser lo que más desean, ser perros.
martes, 26 de marzo de 2013
Adiestramiento canino, cursos teoricos gratuitos. Practicas económicas.
Para los interesados en avanzar en el conocimiento de los perros he escrito este blog.
No dudeis en poneros en contacto conmigo en el correo elchicodeloslobos@hotmail.com en saturzetaadiestrador@gmail.com o en el blog.
Hay posibilidad de acampada libre en zona vigilada, con autocaravana, remolque o tienda. Barbacoa.
Tambien alojamientos rurales.
Para pasar un fin de semana de escandaloooooo
No dudeis en poneros en contacto conmigo en el correo elchicodeloslobos@hotmail.com en saturzetaadiestrador@gmail.com o en el blog.
Hay posibilidad de acampada libre en zona vigilada, con autocaravana, remolque o tienda. Barbacoa.
Tambien alojamientos rurales.
Para pasar un fin de semana de escandaloooooo
martes, 19 de marzo de 2013
FASES DE LA EDUCACIÓN DE BASE
La educación de base tiene como objetivos:
-
Crear una estructura jerárquica que para que el perro
viva en un entorno en el que se sienta seguro. Ya hemos visto que todos los
cachorros son inseguros, y que necesitan una personalidad fuerte para poder
desarrollar su personalidad desde la felicidad. Ya tendrán tiempo de ser libres
cuando sean responsables. Seguro que nadie quiere que su cachorro muera
atropellado por un coche o sufras las heridas de un mordisco por que no
obedeció las ordenes de “quieto” y “ven aquí”. Y para eso es necesario crear
una entidad dominante sobre el cachorro y sus situaciones vitales para darle
toda la seguridad posible. Esa jerarquía también le ayudará a encontrar su
status dentro de la familia y a desarrollar el rol más adecuado a su carácter.
-
Establecer vínculos afectivos que refuerzan la relación
jerárquica que, cuando el cachorro de sus primeras muestras de sensatez,
empezará a ser flexible, dándole cada vez más libertad, siempre y cuando
obedezca a la primera. Y también a aprender a jugar, a respetar los límites
establecidos, que se irán ampliando según la confianza que vayamos ganando con
él.
-
La habituación a los estímulos a los que se va a
someter el animal durante su vida, ascensores, otros perros, gente, bicicletas,
coches, ruidos y olores. Para ello es inevitable superar una fase de
dominancia, en el que el perro se debe someter, sí o sí, a las órdenes dadas,
sobre todo al “quieto”, al “calla”, y a otras que tienen como fin enseñarle a
controlar los impulsos que le llegan de su
instinto.
-
Aprender juegos y órdenes que de mayor pueden ser
útiles. Desde que el perro nace está aprendiendo. Y hay que aprovechar que el
periodo en el que están más receptivos son los seis primeros meses de vida para
inculcar conductas adecuadas y extinguir las inadecuadas.
Nadie tiene un método definitivo de cómo se debe hacer todo
el proceso, unos hablan de positivismo, otros de condicionamiento clásico. Cualquier
método es bueno, siempre que respete la naturaleza de animal, porque nunca se
nos puede olvidar que debemos adecuar el entorno al perro, no el perro al
entorno. Por eso, lo mejor es indicar cuales son las fases de desarrollo del
cachorro, y la tarea que hay que hacer en cada momento.
Los perros aprenden cosas desde el momento en el que nacen.
Nada más llegar a este mundo comienza la primera fase, que dura hasta las 8
semanas más o menos, en la que el cachorro está en la fase de “bebé”. En esta
primera fase es esencial que estén junto a la madre, pues no sólo tendrán
beneficios del calostro, la leche materna, que les inmunizará contra muchas
enfermedades, aparte de que les aportará los nutrientes necesarios para su
desarrollo, sino que tendrán un primer
contacto con otros perros, sus hermanos, y la interacción con ellos les hará
más sociables, y facilitará la socialización. Los primeros 15 o 20 días, sólo
comen y duermen, pero van aprendiendo a determinadas conductas a través de la
impronta, (impriting) Lo que aprendan en
esas dos primeras semanas no se les olvidara en la vida. Si el perro pasa
los dos primeros meses de su vida con su madre no sólo tendrá más posibilidades
de sobrevivir a cualquier enfermedad, sino que también será más sociable, más
inteligente, aprenderá más rápido, crecerá más sano… Merece la pena esperar al
destete para adoptar un cachorro, pues un perro “huérfano” crecerá en peores
condiciones por muchos cuidados que pongamos en él. Nada es mejor que una madre.
En esta primera fase apenas vamos a poder interactuar con
ellos, a menos que sea un cachorro huérfano, y de hacerlo sólo sería en el
sentido de que se vaya habituando a relacionarse con humanos. Por ello
evitaremos juegos violentos que puedan hacerles daño, aunque se puede jugar con
ellos “a la pelotita”, con una bola de trapo para no dañarles los dientes,
estimulando el ejercicio, procurando que se diviertan. Así implantaremos la
idea de que jugar con el humano es
bueno, y le situaremos en posición muy receptiva para que en la siguiente
fase empiece a aprender órdenes a partir del juego.
A los dos meses se le puede hacer el test de Campbell, que
aunque es un método predictivo no científico, puede ayudar a predecir cuál va a
ser el carácter de nuestro perro, y prevenir los problemas que puedan venir por
ser excesivamente dominante o excesivamente sumiso o independiente. Si quieres
saber más sobre el test, pulsa aquí. www.testdecambell.com
La siguiente fase es la más importante en la educación del
perro. Va desde los 2 a los 6 meses, y es la etapa infantil. Durante esta fase
el cachorro empieza a desarrollar su carácter y se dan uno o dos picos de
agresividad debidos al incremento de la producción de adrenalina, que
interviene en el proceso de crecimiento y desarrollo. Es importante estar al
tanto de estos momentos pues, aunque nunca se debe consentir una conducta
agresiva, debemos entender que en este caso la conducta es inadecuada pues se
debe a la estimulación de la adrenalina. Debemos parar el comportamiento
agresivo y desviar su atención hacia el juego. En este momento le podemos
empezar a guiar en lo que va a ser su vida futura, si es un perro de caza,
jugaremos a la caza, si es un perro de compañía, fomentaremos los
comportamientos dóciles, si es un perro guardián, guiaremos su agresividad y
dominancia hacía juegos de acción, correr, saltar.
En esta fase se aprenden las órdenes básicas, siéntate, ven
aquí, tumbado, quieto, junto, dame la pata, y las que se nos vayan ocurriendo.
El método de enseñanza es sencillo: Primero, buen humor, verlo como un juego.
No hay que alterarse, porque el perro interpreta nuestros sentimientos y estará
mucho más receptivo ante una persona que le ofrece diversión que ante otra que
le amenaza con un castigo. Segundo, una orden al día, y al día siguiente
repasamos lo que sabemos. No hay que aturullar al cachorro con varias órdenes
de golpe, pues lo único que conseguiremos es agotarle, desviará su atención,
nosotros nos frustraremos, ellos se despistarán más, en definitiva, un círculo
vicioso que lleva al desastre. Hay que empezar con la máxima de que el adiestramiento completo no se culmina en
un día. Es más, se prolonga durante toda
la vida.
El aprendizaje de las órdenes.
Para que el perro aprenda las órdenes, hay varios métodos, y
todos funcionan. Yo voy a aportar el mío. ¿Funciona? A mí sí, pero claro,
depende del perro, algunos son más reacios a aprender ordenes que otro, depende
de su carácter. Un perro equilibrado tendiendo a dominante es lo ideal para
tener un perro que haga muchos “trucos”, pero todos pueden aprender lo mismo,
sólo que con unos hay que tener más paciencia que con otros.
El “Ven aquí”. La orden internacional es “cam” o “kom”
depende de si usamos el método inglés o alemán. Pero tiene un inconveniente. Si
tenemos que aprender un idioma, para luego enseñárselo al perro perderemos unas
décimas de segundo importantísimas a la hora de dar una orden. Por lo que lo
ideal es hacer una seña que nos salga automáticamente. Podemos indicarle con la
mano, o golpearnos la parte exterior del muslo, a donde lleguemos sin
agacharnos. Si se la enseñamos de cachorro, podemos aprovechar el instinto
natural del perro de venir a nosotros cuando nos agachamos. En ese momento
decimos “ven aquí” o nos golpeamos la pierna. Cuando llegue, le damos un
premio, sólo las primeras veces, luego sobra con una caricia sonriendo. Lo
importante es poner al perro un estímulo lo suficientemente positivo como para
que deje de hacer lo que está haciendo y venga a nosotros. Más adelante la orden
“ven aquí” se dará sólo cuando vaya seguida de otra, como “quieto” o alguna de
acción, como “busca”, “guarda”, etc. también el “ven aquí” seguido del “quieto”
servirá para frenar un comportamiento inadecuado, como perseguir gatos, correr
detrás de los coches, subirse encima de la gente, etc.
El “quieto”. También
se puede usar “chisttt” que vale también para “calla”. Las dos son órdenes represivas, por lo que cambiando
el énfasis de alegre a enfadado podemos usarlas como imposición o correctivo.
También se usa en adiestramiento avanzado como orden tranquilizadora o para
habituarle a animales, como gallinas o gatos. El quieto tiene como función la
de detener la acción del animal. Es decir, si vemos que comienza un comportamiento
inadecuado, un quieto a tiempo evitará que se convierta en intolerable. Para
inculcárselo, no queda más remedio que usar la cadena. Colocada a la altura de
la nuca, daremos un pequeño tironcito con un giro de muñeca en el momento de
que se produzca una acción inadecuada, o un ladrido inadecuado. El quieto y el
calla, son dos órdenes que no se aprenden jugando, sino aplicando la dominancia
y la sumisión. Quizás son las únicas en las que el respeto a la jerarquía sea
indispensable, por lo que no debemos se pusilánimes a la hora de darlas, pues
esa pequeña disciplina puede primero salvarle la vida al perro, y después
facilitar la convivencia.
“Siéntate”. Es una orden muy
sencilla de enseñar, pues forma parte del vocabulario del perro. Una vez
que ha aprendido el “calla”, en un entorno en donde no haya ninguna
distracción, solos en casa después del paseo, por ejemplo, nos agachamos
delante de él con una salchicha y se la enseñamos por encima de la nariz, sin
que la coja. El tratará de saltar hacía ella, nosotros le damos la orden de
“quieto” con autoridad, seguida de la de siéntate a la vez que bajamos la
salchicha. Tarde o temprano se sentará mirando la salchicha, pues es su forma
de decir “estoy esperando”. En ese momento le damos la salchicha. Y así siempre
que le demos comida le diremos “siéntate” y no se la daremos hasta que no se
siente.
“Tumbado”. Desde la orden siéntate, llevamos la mano hasta
el suelo, a la vez que decimos “tumbado”. Instintivamente el perro se tumbará.
Cuando lo haya hecho le pasamos la mano por el pecho debajo de las costillas en
sentido caudal, rascándole. Él se tumbará patas arriba y entonces le rascamos
la barriga. Esta postura, lejos de mostrar sometimiento, es una muestra de
cariño con la que nos dice que acepta nuestra posición. Mostrar sumisión, de forma voluntaria, no sometimiento, que siempre
es obligado, es la forma en la que el
perro te dice que va a aceptar tu status dentro de la familia.
“Dame la pata”. Es una de las órdenes en las que se aplica a
rajatabla en condicionamiento clásico. Para obtener una recompensa tienes que
realizar una acción. Es una orden complementaria al “siéntate” y además de ser
una especie de juego puede convertirse en una seña convencional con la que el
perro aprende a decir “dame”. Desde el sentado, con la salchicha en la mano
izquierda mostramos la palma de la mano derecha por debajo de su hocico, y
decimos “pata”. Le damos un palmeo con la mano en la pata delantera, a la vez
que repetimos pata, mostrando la salchicha. Cuando el perro comprenda que para
tener la salchicha tiene que poner la pata en la palma de tu mano lo hará
inmediatamente. Y luego, cada vez que quiera una salchicha, o cualquier otra
cosa, hará una seña dando la pata.
“Junto”. Cómo orden tiene carácter represivo, pues busca que
el perro se pegue a nosotros mientras caminamos. Es una orden que se puede
utilizar para que no tire de la cadena y que nos siga, y la forma de enseñarla
es igual que la de “quieto”. Atado con el collar a la altura de la nuca, con un
leve tironcillo. Insisto, es mi método porque entiendo que si es una orden
represiva hay que utilizar la dominancia. Seguramente haya métodos positivistas
que logren el mismo resultado sin atar nunca al perro. Pero sólo funcionan con
perros equilibrados o sumisos. Cada
perro es un mundo y el método se debe adaptar a cada perro.
Pero por otro lado, el “junto” forma parte del vocabulario
del perro y significa “yo te acompaño”, o “estoy contigo apoyándote”. El perro
cuando quiere darte su apoyo, ya sea físico o emocional, se coloca de pie
pegado a tu pierna, en pleno contacto. Si tienes la mano a su altura, la
“morderá” cariñosamente. Eso es un “beso” o un abrazo en idioma canino. Por lo
que la orden de junto no debería ser difícil de aprender si el perro está
debidamente socializado con la familia.
Para otras ordenes, trucos, hay que empezar desde el juego,
teniendo en cuenta que siempre tenemos que haber conseguido antes equilibrar a nuestro perro, mejorando el
temple y el carácter. Puede hacerse el muerto, buscar cosas, juegos como la
pelotita, el frisbi, el corre que te pillo. Traer el periódico, las zapatillas.
Para todos ellos hay que entender que lo que más le gusta al perro es pasárselo
bien, y que disfruta viéndonos disfrutar. Por eso, si tenemos el suficiente
sentido del humor, la suficiente paciencia y ganas, podemos hacer que nuestro
perro aprenda un montón de trucos jugando con él un rato al día. Porque tenemos
15 años de convivencia por delante, y eso son muchos días.
miércoles, 13 de marzo de 2013
Evitar problemas de conducta
Hay que romper un mito. En la absoluta mayoría de los casos
en los que los perros dan problemas el culpable es el humano que comete el
error de humanizar la conducta del perro, de considerar al perro como mascota
y/o no dejar que el perro se realice como perro. Y si seguimos las siguientes
instrucciones nos ahorraremos un montón de problemas.
Un perro no es un muñeco, tampoco es un juguete. El perro es
el primer animal domesticado por el hombre hace 14000 años, 4 milenios antes
que el resto de los animales domésticos. Y eso es por una razón.
Lo que menos le hacía falta al hombre de la Edad del Hielo
es una carga. No se podía permitir el lujo de tener mascotas. Según los
descubrimientos arqueológicos de Oriente Medio, el primer “perro” sería un lobo
solitario que se acercó a los poblados humanos en busca de los restos de la
caza. Su instinto le llevaría a colaborar en la caza, accediendo a los restos
productos de la limpieza, tripas, huesos y diversos órganos internos. Es
posible que defendiera la entrada de la cueva durante la noche, o detectara la
presencia de algún ocupante peligroso, osos de las cavernas, leones o tigres
dientes de sable. Lo que es seguro es que se creó una relación simbiótica entre
ese lobo solitario y el grupo humano.
Desde entonces se fue haciendo una selección artificial de
animales según la necesidad del momento: olfato y agilidad para la caza,
fiereza y lealtad para guarda y defensa, docilidad y sumisión para animal de
compañía o “calienta-camas”. Pero siempre el perro ocupa un lugar dentro de la
tribu.
Actualmente, hay cientos de razas de perros, cada una
“creada” con un determinado carácter según el trabajo que debe realizar. Por
eso es tan importante hacerse una serie de preguntas antes de elegir un perro,
la primera, la más importante:
¿De verdad quiero un
perro?
Es una pregunta obligatoria.
Un perro requiere responsabilidad, es un ser vivo que tiene unas necesidades, y
nosotros nos obligamos a dárselas. Si no estamos dispuestos a tener sacrificios
no merece la pena que nos planteemos la idea de tener perro pues tenerlo
conlleva muchos inconvenientes: no podemos ir a cualquier sitio, pues no en
todos los sitios admiten perros. En caso de hacer un viaje, tenemos que
procurarle un sitio al perro, y no hacer que la familia cargue con el cada fin
de semana. Luego están las vacunas, los pises, las cacas, los ladridos, los
olores, las visitas al veterinario y al peluquero. Hay que darle de comer,
sacarle de paseo, convivir con él y con sus problemas, etc. Si lo que quieres es una mascota, piensa mejor
en peces de colores. Un perro no es una
mascota. Un perro no es un animal de decoración.
Si tu respuesta sigue siendo afirmativa ahí va la siguiente
pregunta.
¿Qué perro, de qué
raza, de qué tamaño?
No todas las razas son aptas para todas las personas y no
hay que dejarse guiar por la pena o el Ego a la hora de elegir perro. Hay que
buscar un perro que se amolde a tu carácter, pues su trata de una convivencia
de 12 o 15 años, por lo que la afinidad de caracteres aumenta las posibilidades
de una buena relación. Si somos de carácter sedentario, debemos abstenernos de
adoptar perros de trabajo tipo border collie o aussie, pues son perros que
tienen una gran necesidad de ejercicio y tenerlos confinados en el interior
puede ser frustrante para ellos, dando origen a problemas de ansiedad, ladrido
excesivo, micciones inadecuadas, agresividad, etc. Si somos sedentarios
busquemos un perro sedentario, un chiguagua, un yorkie, un galgo (aunque no lo
parezca, el galgo es uno de los perros más tranquilos) También hay que
considerar el espacio del que disponemos. Esa misma persona sedentaria, si
dispone de mucho terreno cerca de casa, y está dispuesta a darle al perro un
par de horas de esparcimiento, puede elegir ese border o ese aussie. Lo que no
se puede hacer es elegir un perro de esos si vivimos en un piso pequeño de una
gran ciudad. Hay que adaptar el espacio al perro, no el perro al espacio.
¿Para qué quiero un
perro?
De la respuesta dependerá mucho la raza, el tamaño, el
carácter del animal. Lo normal es que la gente busque un perro de
compañía. O lo que es lo mismo,
chiguaguas, yorkies, Shin-tzu, pomeranian, bichón… Un dobermann no es un perro
de compañía, es un perro de guardia y defensa. Un cocker no es un perro de
compañía, es un perro de caza. ¿Quiere decir esto que no los debemos elegir?
No. Significa que tenemos que saber que
perro elegir según para que queramos el perro. Una buena idea es consultar
primero la clasificación raza de la FCI, pensar en adoptar un mestizo, visitar
después perreras, albergues, protectoras. O preguntar en criaderos, somos
libres. Pero siempre hay que tener en cuenta que vamos a convivir de 12 a 15 años con un ser vivo que tiene
necesidades. Y la selección del perro según su carácter y tamaño nos va a
facilitar tanto la convivencia como los posibles adiestramientos que queramos
darle, ya sea obediencia básica, avanzada deportiva, caza, guardia y defensa,
servicio, terapia, etc.
Lo importante es no elegir un perro para sentirse bien con
uno mismo, o por pena, glamour, Ego, o cualquier otro error de la psique
humana, si no por una necesidad real y siempre asumiendo las responsabilidades
que conlleva tener perro.
¿Cachorro o adulto?
A la hora de adoptar la edad no importa. Un perro adulto
también se puede adaptar a un nuevo entorno si no tiene ningún problema
subyacente. Cualquier perro que haya pasado una etapa de readaptación en una
protectora responsable es totalmente apto para la adopción y no dará más
problemas que los normales. Además, los perros adultos tienen ya todas las
tareas aprendidas y en apenas una semana se acoplarán a la familia en cuanto
vean que hay comida regularmente. No se sabe si los perros añoran a sus
antiguos dueños, pero sí que se pueden adaptar a dueños nuevos.
El cachorro, que normalmente viene de criadero, tiene un
problema específico y es que suelen venir sin socializar. Esto significa que
todo el proceso que con el perro adulto no tenemos que hacer porque este ya lo
tiene inculcado, tenemos que llevarlo a cabo con el cachorro. Tiene que
habituarse al entorno, a la gente, a otros perros, a cosas como bicicletas,
ruidos, coches. Tiene que aprender a hacer sus cosas en el sitio designado, a
pasear con la correa. Pero es un proceso alucinante que si se lleva con
responsabilidad puede dar muchas
satisfacciones.
En definitiva, elegir uno u otro tiene sus pros y sus
contras, y tenemos que tenerlo en cuenta a la hora de adoptar un cachorro o un
adulto.
Y después, ¿qué?
Ya tenemos elegido perro, ahora tenemos que tener en cuenta
las necesidades sicológicas del perro. Por mucho que suene raro, la mayoría de
los problemas que vamos a tener se van a deber a inadaptaciones con el medio
ambiente o con nosotros. La psique del perro es muy sencilla y es en esa
sencillez en donde radica sus problemas, dado que nosotros tenemos una vida
demasiado artificial para que un ser que no separa el pasado del futuro, que su
lenguaje no tiene recursividad, y que no es capaz de razonar los porqués de la
moral humana pueda aceptar con normalidad las situaciones cotidianas a las que
se va a enfrentar. Tenemos que recordar que debemos adaptar el espacio al perro, no el perro al espacio, por lo
que debemos entender que muchos de los comportamientos que nosotros
consideramos inadecuados son aceptables para ellos. Por eso lo primero que
tenemos que aprender es a tener paciencia y buen humor.
Habrá cosas que no sepamos, y eso es normal. Nadie sabe
todo. Y para eso he abierto el blog, para tratar de despejar algunas dudas y
poner mis recursos a disposición de todos los lectores. De la misma manera que
acudimos al veterinario cuando hay un problema de salud, deberíamos ver con
normalidad acudir a un profesional de la terapia conductista canina para
resolver problemas de conducta, socialización, o de terapia sociológica, o para
aprender técnicas de cambio de conducta.
Lo primero que hay que aceptar, y no me cansaré de decirlo
hasta la saciedad, es que un perro es un perro, y que hay que tratarlo como
tal. Creedme, no vais a ofender a vuestro perro si le tratáis como un perro. En
realidad es lo que le va a hacer más feliz. Hay que tener en cuenta que el
perro va a formar parte de la familia, por lo tanto va a asumir un status
dentro de la familia y a jugar el rol correspondiente a ese status. Si desde
pequeñito le dejamos claro cuál es ese status nos ahorraremos muchos problemas
futuros. Pero, ¿Cómo se define el status en un animal?
En realidad no es tan difícil. Ellos ya tienen en sus genes
la necesidad de formar parte de un grupo. Son animales gregarios, como
nosotros, y es precisamente esa necesidad biológica la que, sumada a nuestra
empatía, hizo posible su domesticación. Puede que sea incluso el único animal
puramente doméstico, pues otros animales de nuestro entorno, como ovejas,
gallinas, quizás los caballos, son animales que no sienten ningún apego por la
casa, y si se pueden escapar, se escapan. Sin embargo el perro, aunque duerma
en la calle, nunca se alejará del domicilio familiar. Y ya vienen “programados”
genéticamente para hacerse un sitio dentro del grupo. Lo único que tenemos que
hacer es poner límites. Y tener muy claro lo que son actitudes adecuadas,
inadecuadas e intolerables, como ya se explicó en la primera entrada.
Es el momento de volver a explicar los conceptos de
jerarquía, dominancia y sumisión. Hay quien dice que es imposible una relación
de dominancia entre dos especies diferentes, pero la realidad es que sí. El
individuo A es dominante sobre el
individuo B cuando impone su voluntad sobre él. Si yo digo al perro “ven aquí”
y el perro viene soy dominante sobre él. Si él se somete a mi voluntad se crea
una relación jerárquica en la que yo ocupo un sitio más alto en la escala, mi
status es superior al suyo.
Pero yo voy un paso más allá, pues lo que me interesa es
llegar a una relación simbiótica plena con mis perros, es decir, colaborar en
todas las situaciones de la vida. Para ello hay que conocer el lenguaje de los
perros, y aceptar la flexibilidad en la relación jerárquica. Pero antes de
poder confiar en tu perro, debes pasar un proceso de adiestramiento en el que
el individuo dominante debes ser tú, que eres el adulto. Así el individuo dominante es el que controla
la situación, independientemente del status que ocupe dentro del grupo. Esto
puede ser tomado como una conducta inadecuada en el caso de ser el perro el que
se muestre dominante, por ejemplo si a la hora de pasear va delante de
nosotros, o si se vuelve incomprensiblemente rebelde. Debemos usar el instinto
para determinar la razón de su actitud. En el caso de ir delante, en realidad
no es una actitud dominante, pues siempre va a ir a donde nosotros vayamos. El
ir delante es el modo de exploración. Si detecta algo extraño, se parará y esperará
a que lleguemos. Y lo mismo pasa con esa rebeldía repentina.
Lo adecuado en nosotros es observar todos los indicios de
nuestro perro para determinar cuál es la mejor manera de actuar. Somos un equipo, ellos ponen el instinto,
nosotros la razón.
Mediante la observación empezamos a conocer a nuestro perro.
Si se niega a entrar en la caseta, debemos esperar que haya algo o “alguien” en
ella. Si revuelve la manta, quizás tenga frio y quiera taparse. Si desecha la
comida, es posible que no tenga hambre o que la comida esté en mal estado.
Antes de juzgar una actitud debemos averiguar si hay una razón para ello. Es
normal que los perros ladren, una vez o dos, o tres. Pero si están todo el día
ladrando y el ladrido suena a nervioso, es casi seguro que esté pasando un
proceso de ansiedad o de frustración. No es normal que un perro se haga sus
cosas en la habitación en donde duerme. Los sacos anales están llenos de
feromonas que esparcen por doquier para mostrarse al mundo. Esas feromonas, que
también están en la orina, son su seña de identidad. Cualquier perro que las
detecte sabrá de él, o de ella, y nuestro perro también sabrá de otros
congéneres de la misma forma. Por eso, si se lo hace en casa es señal de que
algo va mal. Puede ser algún problema gástrico, o estrés, ansiedad, miedo, etc.
Si nuestro perro no quiere jugar, si está triste en un rincón, si tiene un
temperamento arisco incluso mal genio, debemos pensar primero que es posible que esté enfermos, y
muestre esa apatía o ese mal genio como síntoma psicológico de la enfermedad,
pues de la misma manera que a nosotros se nos cambia el humor cuando estamos enfermos,
a ellos les pasa lo mismo. Y aunque una actitud intolerable siempre es una
actitud intolerable, debemos tratar de averiguar cuál es el origen de ese mal
humor antes de pensar en deshacernos del perro.
Siempre es importante mantener esa relación jerárquica
mientras que el perro esté en periodo de aprendizaje, y la primera disciplina
es la de la cadena. Para que no de problemas con el paseo, debe entender que
cuando va atado, va atado. Para ello no está de más dejarle atado un día a
algún sitio del que no pueda soltarse. Así aprende a no luchar contra la cadena
y a “someterse” a la situación. Cuando comprenda que de la cadena no puede
huir, dejará de tirar de ella.
jueves, 7 de marzo de 2013
DIVERSAS SEÑAS DEL IDIOMA DE LOS PERROS. COMO CAMBIAR CONDUCTAS 1ª PARTE
Mucha gente ha leído ya lo que se ha convertido en libro de
culto para todos los amantes de los perros. Este libro es “Señales de Calma”,
de Turid Rugass. La escritora describe hasta 30 señales de calma con las que el
perro “dice cosas” al humano. No son las únicas. Hay muchas más señales,
incluido el “no, paso”, “sígueme”, además de las señales convencionales, como
el “dame”, “comida”, “rico o bien”, “malo o mal”. Para reconocer estas señales tenemos que
tener en cuenta que los perros no razonan de la misma manera que nosotros, que
en ellos manda el instinto y que sólo utilizan la razón cuando el instinto se
agota. Por ello tenemos que poner nuestra mente en la misma frecuencia que la
suya, o sea que tenemos que usar el instinto antes que la razón. A la hora de
extinguir un comportamiento inadecuado o intolerable, debemos actuar de la
misma manera, instintivamente, pues la razón es mucha más lenta, necesita
explicaciones y no hay tiempo de darlas. Tenemos que aplicar un “quieto” y “ven
aquí” en el momento de la mala acción. Pero eso se verá más detalladamente
cuando se analicen algunos de los gestos más habituales de los perros y su
significado.
La primera es el “no, paso”. Cuando damos una orden al perro
y este no quiere hacerla, por la razón que sea, baja la mirada, gira las
orejas, saca la lengua como haciendo burla y se gira en sentido contrario, todo
en un solo gesto. No tiene por qué ser
un comportamiento inadecuado, simplemente es una manifestación de voluntad. Si
insistimos en la orden, la aceptará de mala gana. Por lo tanto, esa señal nos
debería hacer reflexionar sobre si estamos dando una orden adecuada o no. En el
mismo sentido hay un gesto que indica que estamos haciendo algo mal o
inadecuado, lo he observado más en animales grandes, como pastores alemanes o
mastines. Se ponen delante de nosotros en el sentido de la marcha impidiéndonos
el paso, con gesto en cara de sumisión, orejas hacia atrás y leve sonrisa,
“smiling”. Significa que hay algo en el camino o en nuestra acción que supone
un peligro o no es adecuado.
El “sígueme” lo habremos observado más de uno. Este gesto
tiene variables según el tamaño del perro, pero suele empezar con un giro de
columna, enroscándose como una pescadilla, mirándonos con gesto de sumisión y
“smiling”. Seguidamente miran con el cuerpo recto en la dirección que quiera ir
y dependiendo del perro, un animal sumiso se situará detrás de nosotros
incitándonos a andar, y un dominante se pondrá delante haciéndonos una seña con
la cabeza para que le sigamos. Los dos gestos pueden ir acompañado con un
ladrido o un lloriqueo. Suele significar que han visto algo y nos lo quieren
enseñar, y en los perros de instinto de guardia o vigilancia, el gesto nos
indica que en esa dirección hay algo que les preocupa, o algún intruso. En los
perros de caza, este gesto suele indicar la dirección en el que está la presa.
En el argot de los cazadores se llama “muestra”. Ese gesto de muestra es el que
utilizan los perros para indicar una dirección. El rabo también juega un papel
importante a la hora de determinar qué nos quiere enseñar el perro. Si es algo
divertido, o viene alguien conocido, moverá el rabo de un lado a otro, o
“bailará la bachata” con los cuartos traseros si el animal tiene el rabo
amputado. Si lo que ha detectado es un peligro o un intruso, el rabo estará en
posición horizontal o caerá recto hacia el suelo. Si lo esconde entre las
piernas, es que muestra miedo del estímulo, y tenderá a esconderse detrás de
nosotros.
Para el “rico o bien”, se relamen con gusto, mostrando
después una actitud de juego, bailando con las cuatro patas, moviendo el rabo,
agachando las patas delanteras, etc.,
mientras que para el “malo o mal” hacen un “no” y después se sientan
dándote la espalda. Si además miran al horizonte, es que has hecho “muy mal”.
El “dame” es uno de los signos convencionales, por lo que
cada dueño tiene su versión con sus perros. Ellos no piden las cosas,
directamente las cogen, cediendo el animal sumiso su sitio al dominante. En la
naturaleza el “dame” lo hacen adoptando posición de cachorro, agachándose de
las cuatro patas y levantando la cabeza hacia la boca del otro perro,
lamiéndole el belfo. Es una reminiscencia del animal cachorro que lame la boca
de la madre para incitarla a vomitar. Yo he “convenido” con los míos en un
gesto distinto que indica el dame: “siéntate”, “dame la pata”, y entonces le
doy la “salchicha”. Cuando el perro quiere salchicha, o algún “caramelo”, se
sienta, levanta la pata y se relame, y hace la “muestra” mirando al sitio en
donde están los caramelos. Pero el dame no vale sólo para esto, también lo
hacen para pedir cosas, como juguetes, agua, que enciendas la estufa, que les
tapes con la manta. En general, para cualquier seña hay que entender que para
ellos es más fácil, realizar una seña de origen instintivo que razonar un
gesto. Para que les enciendas la estufa, se ponen al lado de esta, y te miran
temblando. O para que les tapes con la manta, se ponen encima de la manta y la
rascan con las patas, haciendo ruido para llamar la atención. Este último gesto
también vale para que levantes algo, como una piedra, palos, tierra. Indica que
hay algo que les llama la atención en ese lugar.
El “déjame en paz, pesao”, es una de las señas más graciosas
que hacen. Cuando están tumbados tranquilos y les tiras suavemente del rabo,
hacen un “no” seguido de una lamida de manos, apartándose de tu lado. Ellos
entienden las bromas, pero a veces, igual que nosotros, no están de humor. Hay
que saber interpretar estas señales para darles su espacio, pues a veces
necesitan estar solos, por ejemplo cuando quieren echarse la siesta. Los perros
no duermen como nosotros, 8 horas seguidas. Como la mayoría de los animales, dan
cabezadas cuando se sienten seguros. Si llevan tiempo sin dormir, buscan un
sitio apartado y escondido, o calentito si es invierno y ¡a dormir!
Una de las señales que he observado en los perros guardianes
es la de “tranquilo, que yo me ocupo”. Te miran y con gesto sumiso lanzan un
lametazo al aire, imitando el lamido de una madre a sus cachorros, para luego
volver a su labor de vigilancia. Es una señal curiosa y que deberíamos
recompensar si queremos que nuestro perro sea un guardián eficiente. Al reconocer
su labor, le estimulamos para mejorar en esa tarea. Y como muestra, el final de este video, en el que Kira me dice "tranquilo, yo me ocupo" en un momento de alarma. Detrás de los matojos había un zorro.
y despues de desaparecido el peligro
http://www.youtube.com/watch?v=GVAUHV_UxOM
El “aquí espero”. Esa
seña es muy conocida por los adiestradores pues incitan al perro a sentarse
mostrándole una golosina. El animal se sienta, pues es un gesto que indica que
espera que realices una acción. También en el caso de un perro “pesao” o que
muestra una actitud inadecuada, se sientan para indicar que esperan que cambie
su comportamiento. Por supuesto, en el caso de que un perro nos muestre
agresividad, no debemos sentarnos, pues podemos incitarle a atacar, al verse en
una posición dominante.
El “hola, buenas” es otra seña muy conocida. Se acercan (o
te esperan mientras te acercas) en actitud sumisa moviendo el rabo de lado a
lado. Normalmente, cuando tienen mucha confianza, suelen poner las patas encima
de la visita, o de nosotros mismos. Eso es una incitación a jugar, pues piensan
que la familiaridad les da libertad para proponer juegos.
“Vamos a jugar”. Esta
seña la realizan agachando las patas delanteras, manteniendo levantadas las traseras.
También es la posición desde la que se aprende la orden de “túmbate”, pues
ningún perro en actitud dominante se tumbará mientras conserve esta actitud.
Más adelante indicaremos como cambiar la actitud de un perro, tanto de
dominante a sumisa, como de sumisa a dominante (esencial para extinguir el
miedo). A partir de la seña de “a jugar” todo lo que pase se considera “una
broma”, así que si queremos estimular al perro miedoso con juegos de pelea,
debemos hacer la seña antes de iniciar el juego, y suspender este al primer
indicio de sumisión. También es un “vamos a jugar” si te miran en actitud
agresiva, gruñendo, mientras mueven el rabo. Normalmente hacen esta seña si se
trata de un juego de perseguir o de tirar la pelota.
“Perdona, me he pasado”. Cuando durante el juego se les “va
la mano” y hacen daño al compañero, sea este una persona u otro perro, paran
inmediatamente y se acercan en actitud sumisa, echando las orejas hacia atrás y
abriendo mucho los ojos como diciendo: “ups, me pasé”. Después de esto el otro
perro suele hacer un “tranquilo, no pasa nada”, dándole un lametón en el labio
o haciendo la seña de “vamos a jugar”, depende del carácter dominante o sumiso
del perro dañado, respectivamente.
Una señal sonora bastante habitual, sobre todo en perros
pequeños es el “¡Eh! ¡Que estoy aquí”. Normalmente es un gruñido, pero también
puede ser un solo ladrido. Aunque en su mente se ven como perros grandes, el
mundo les parece de gigantes, y suelen recurrir a las señales sonoras más
habitualmente que los perros más grandes. Esa es la razón por la que los perros
pequeños tiendan a ser tan escandalosos. La mejor manera de eliminar el ladrido
inadecuado la veremos a continuación.
COMO CAMBIAR LA ACTITUD DE UN PERRO.
El error más común que comete la gente con sus perros es la
de recompensar las actitudes inadecuadas, cómo cuando le cogemos en brazos
cuando se muestra agresivo, y castigar las correctas que no se toman como
tales, como la del gruñido como señal de atención en los perros pequeños. En
general, los perros suelen ser animales sumisos que tienen muchos problemas de
inseguridad, lo que les hace ser agresivos si no son socializados
adecuadamente. Pero en el caso de tener un perro conflictivo no debemos tirar
la toalla, todos los problemas tienen solución si tienes las herramientas
adecuadas.
Cómo hemos visto, la mayor parte de los problemas surgen de
la falta de comunicación o de atención entre perros y humanos. En el caso de
conflicto debemos actuar de la siguiente manera:
-
Tenemos que descartar cualquier problema veterinario
que pueda ser el causante de una conducta inadecuada, como la displasia típica
del pastor alemán, que le causa cambios repentinos de humor por el dolor, o en
el caso de defecaciones inadecuadas, mirar si está descompuesto y el animal no
puede contenerlas. En cualquier caso, siempre que nuestro animal tenga un
cambio repentino de conducta, debemos acudir al veterinario para descartar
cualquier problema de salud. Aunque tampoco debemos ser pejigueras en demasía.
Los perros también tienen sus días malos en los que es mejor dejarles solos. De
todas maneras una conducta inadecuada es una conducta inadecuada y debe ser
corregida de inmediato en el caso de darse, independientemente de que se deba a
un malestar o no. El perro puede aprender que la violencia es siempre la
solución, convirtiéndose en lo que se llama un animal resabiado.
-
Volvemos a lo dicho, nosotros, como propietarios somos
los únicos responsables en evaluar que comportamiento es el correcto,
inadecuado o intolerable, dependiendo del rol que queramos que juegue el perro
dentro de la familia. Debemos recompensar las iniciativas de dominancia en caso
de querer un perro guardián y corregir las conductas agresivas siempre. Hay
comportamientos que son intolerables siempre aunque parezcan un juego, como el
de jugar a pelear tirándose mordiscos al cuello, pues no es un juego inocente
sino que busca la implantación de una jerarquía, que en el caso de no ser
aceptada puede dar origen a peleas continuas.
-
En el caso de perros excesivamente dominantes, podemos
ponernos un poco bruscos con ellos sin llegar a los golpes, que siempre son
inútiles. Una cara de enfado cumple mucho mejor la función de regañina, y si
corregimos el mal comportamiento apenas sse manifiesta con un leve tirón de
correa, se erradica de inmediato. Para los perros excesivamente sumisos el
proceso es el contrario. Debemos darles confianza con la habituación progresiva
al estímulo, dejando que ocupen lugares de alta jerarquía, como tumbarse a
nuestro lado en el sofá, o darles de comer de la mesa. (esto sólo en los
primeros momentos de terapia y cómo estímulo positivo, después a comer en su
plato y a dormir en su cestito). Con esto conseguiremos que el perro dominante
sea más tranquilo y que el sumiso sea más equilibrado y más confiado.
miércoles, 27 de febrero de 2013
Curso de obediecia básica
El artículo 5º de la declaración universal de los derechos
del animal dice en su apartado a:
Todo animal perteneciente
una especie que viva tradicionalmente en el entorno del hombre, tiene
derecho a vivir y crecer al ritmo y en las condiciones de vida y de libertad
que sean propias de sus especie.
¿Qué significa esto? Pues que tenemos que respetar la
naturaleza del perro. ¿Y cuál es esa naturaleza? En el caso del mal llamado
perro, que en realidad es una raza de lobo, dado que le hemos apartado de su
medio ambiente, esa declaración le otorga, y nosotros somos los responsables de
garantizarlo, el derecho de crecer y vivir en un entorno lo más parecido
posible al propio de su especie, y en el que se respete sus necesidades
biológicas, y se facilite su desarrollo
físico, mental y emocional, para que su vida sea lo más enriquecedora posible.
¿Cuáles son entonces nuestras responsabilidades? Pues dado
que en su entorno vivirían en manada, (en Europa las manadas se reducen a la
mínima expresión de la pareja reproductora y sus cachorros por la falta de recursos alimenticios por la
caza indiscriminada de los animales de los que se alimenta y la
sobreexplotación ganadera de los montes en donde caza) mal que nos pese
nosotros debemos cumplir la función de esa manada, dándoles protección,
reconocimiento y guía espiritual.
¿En qué consiste cada una de esas cosas? La protección ante
su natural recelo a lo desconocido debe ser proporcionada, exponiéndole
gradualmente a los estímulos externos cotidianos que se va a encontrar cada
día, otros perros, personas extrañas, bicicletas, carros de la compra, coches,
etc., para que vaya habituándose. No se
puede sobreproteger al cachorro sin motivo, porque si no es capaz de resolver
pequeñas cosas de cachorro no va a ser capaz de resolver situaciones
comprometidas cuando sea adulto. Y para protegerle del daño estamos nosotros
con nuestra constante vigilancia.
El reconocimiento es fácil de explicar, pero difícil de
aplicar. A veces los cachorros muestran conductas de perro adulto, como un
instinto especial para la caza, o para la vigilancia. Recompensar esas conductas hará que el perro se sienta
bien consigo mismo y se sentirá integrado en la manada, con lo que aumentará su
autoestima y su motivación. Hay que premiar las buenas conductas.
La guía espiritual es la que suscita mayor polémica, porque
se considera que los perros no tienen alma. Pero aquí no hablamos de religión,
sino de biología. El espíritu es esa fuerza interior que te empuja a hacer
cosas. Los humanos nos hemos colocado del filtro de la moral y pretendemos que
los animales también tengan moral. Es un gran error. Los perros no pueden
comprender el concepto de moral por que no razonan, (o sí, en ese caso sí
podría aceptar una determinada moral, dado que esta, al igual que la razón se
basa en la respuesta de los porqués). Sin embargo, sí entienden de límites. De
hecho, en la naturaleza la manada les marca límites desde el mismo momento en
el que nacen. La licencia de cachorro es un concepto etológico que dice que
entre los 16 y 24 semanas entran en una primera etapa de rebeldía en la que se
creen con derecho a hacer lo que les parezca. Esa etapa es esencial en su
desarrollo porque les da la osadía necesaria para el aprendizaje. Pero la
manada no consiente todo. Aquello que se pase del límite aceptable es reprimido
con un fuerte correctivo: un gruñido con muestra de dientes, llegando al
revolcón si el cachorro no cambia de actitud. Y todo esto sin causarle ningún
daño. Pero al cachorro le queda claro que esa conducta no es tolerable.
Con el paso del tiempo esa etapa da paso a otra más difícil:
la adolescencia. En ella se produce un segundo episodio de rebeldía que en
muchos casos acaba con el abandono del animal. Y todo porque en su momento no
se supo poner límites.
El perro tiene derecho a establecer comunicación con los
otros miembros de la manada. Y si en las etapas de desarrollo hemos sido
capaces de que el perro se haya desarrollado psíquica y emocionalmente como es
natural según su especie, de adulto tendremos un perro inteligente, capaz,
perfectamente educado y que nos devolverá con creces todo el trabajo que hemos
invertido en su educación. Y esa comunicación tiene como medio la expresión
corporal de las emociones.
Pero, ¿qué son las emociones? ¿La manifestación del alma? Sí
y no. Las emociones son el producto de la reacción de diversos
neurotransmisores en el espacio sináptico de las distintas zonas del cerebro,
activando determinadas neuronas especializadas. Se ha descubierto que en
algunas zonas del cerebro de los perros, (y de todos los mamíferos, muchas aves
y algunos reptiles y peces) hay neuronas especializadas en la captación de
serotonina, la droga de la felicidad, por lo que se deduce que los perros
también tienen la capacidad de ser felices. Y también sienten orgullo, miedo,
ira, amor. Todos esos sentimientos se producen como consecuencia de esas
reacciones químicas cerebrales.
Por lo tanto, podemos provocar la aparición de esos
sentimientos a partir de estímulos externos como la exposición visual a través
de una expresión corporal adaptada a las morfologías de perros y humanos. Por
ejemplo, nuestras manos se convierten en bocas y lenguas con las que mordemos
(castigamos) o lamemos (premiamos, consolamos, reconocemos méritos)
Y si somos capaces de producir esos sentimientos, sabiendo
que el lenguaje de los perros es meramente emocional, con algunas expresiones
verbales de acción y unos pocos sustantivos, podemos llegar a tener la
suficiente comunicación con los perros, (y con otros animales) para ser capaces de entender lo que en algún
momento nos quieran decir, como “no pases por ahí que hay un peligro” o “algo
grave a pasado, ven a solucionarlo”.
La integración del perro en nuestra manada es el paso
necesario para su desarrollo psíquico, emocional y físico. Nos hará felices
haciéndole feliz.
Morfología comparada.
El origen del perro es incierto, aunque hay varias teorías
sobre ello. La más aceptada es que los perros actuales derivan de los molosos
euroasiáticos, como el pastor del Cáucaso, de haskies y de tipo splitz, y de
los perros salvajes africanos, todos descendientes de lobos. La razón por la que
el hombre decidió domesticar al lobo es también desconocida, quizás fuera un
animal juguete en origen, cuando los cazadores llevaban al poblado crías de
animales para que los niños aprendieran jugando conductas de caza. Probablemente
alguien se diera cuanta de las cualidades del perro como guardián del poblado
contra animales salvajes, o como auxiliar en la caza. Más tarde, en la edad media
empezó a usarse perros pequeños como animales de compañía y guardianes de
sueño. Perros como chiguaguas, shin-tzu, yorkshire, vigilaban el sueño de sus
dueños avisando de los intrusos. La historia de las razas es muy compleja.
Fisiológicamente sólo se diferencian de los humanos en dos
detalles: su morfología y su cerebro. Este último está formado, al igual que el
de todos los mamíferos, de las mismas zonas delimitadas por neuronas
especializadas. La diferencia está en el grosor del córtex cerebral, que en los
perros es más delgado que en los humanos. Esto tiene una consecuencia clara y
es que los perros no tienen la capacidad de razonar, aunque si tienen
pensamientos, emociones y sentimientos.
¿Qué son los pensamientos y los sentimientos? Como ya he ha
explicado más arriba, son ni más ni menos que el resultado de la reacción de
los diferentes neurotransmisores al ser captados por el botón sináptico de las
neuronas. El hipotálamo, órgano encargado de sintetizar los neurotransmisores,
sintetiza entre otros, dopamina, serotonina, y otros estímulos internos, cuya
función es estimular las neuronas, dando origen a pensamientos y sentimientos.
A través de los sentidos, llegan los estímulos externos que
es la percepción de todo aquellos que nos rodea. Esos estímulos hacen que el
cerebro reaccione de diferente manera según estos sean positivos o negativos.
Según sea esta reacción el perro actuará de una manera o de otra.
Por lo tanto podemos llegar a una conclusión: se puede
establecer una comunicación entre especies utilizando como medio los
sentimientos como estímulos positivos o negativos a la hora de transmitir
órdenes. Y no sólo entender la comunicación en un sentido, sino en los dos
sentidos, dado que tanto nosotros como nuestro perro somos a la vez emisores y
receptores en el acto comunicativo.
EL ACTO COMUNICATIVO.
Para que el adiestramiento canino sea efectivo hay que tener
en cuenta la forma en la que se estructura la comunicación entre dos sujetos.
La comunicación es la forma en la que un mensaje llega desde
un emisor hasta un receptor. Ese mensaje debe estar codificado en un lenguaje
que sea comprensible para las dos partes. Y para ello los dos cerebros deben
estar en la misma sintonía. Es importante encontrar un medio de comunicación con
nuestros perros porque, cómo son animales sociales como nosotros, necesitan, no
sólo manifestar sus sentimientos y necesidades, sino tener la certeza de que su
mensaje ha sido comprendido.
.
Para que la comunicación con nuestros perros sea eficaz,
debemos tener en cuenta la forma en la que las dos especies conocen el entorno
en el que viven. El perro conoce el mundo de una forma distinta a la nuestra
porque la forma en la que lo percibe es distinta. Ellos perciben el mundo a
través de los sentidos del oído y del olfato principalmente, lo que hace que la
parte del cerebro que más usan es la
instintiva-emocional, a diferencia nuestra que, al conocer el mundo a través de
la vista, nos hacemos una idea más exacta de nuestro entorno, por lo que
podemos usar más la parte lógica de nuestro cerebro. Esa es la razón por la que
nosotros podemos usar un elemento abstracto como son las palabras para
comunicarnos, mientras que ellos se comunican a través de gestos y sonidos
guiados por las emociones.
Hay muchos métodos de adiestramiento, tantos como
adiestradores, pero básicamente todos se basan en dos aspectos: el
condicionamiento clásico, que es el sistema de premios y castigos, y el
condicionamiento en positivo en el que premiamos las acciones deseables,
privando de atención a las indeseables. No hay un método fijo, todo se
condiciona al carácter del animal. En un animal dominante, el condicionamiento
en positivo sólo tendrá efectividad cuando se corrige la dominancia del perro,
mientras que en un animal extremadamente sumiso, el castigo puede crear
problemas de fobias. Cómo en todo, hay que encontrar un término medio, y sobre
todo, profundizar en la comunicación con el perro, aprovechar que somos la
especie “dominante” para establecer un código de lenguaje, utilizando la
necesidad de comunicación que tienen los perros con los demás individuos de su
clan familiar.
Muchos de los problemas que se generan con los perros son
porque el acto comunicativo no se desarrolla de forma efectiva, o directamente
porque no lo hay, creando situaciones desagradables que, al no comprenderlas,
pueden generar en el abandono del animal o episodios de malos tratos. Cuando
cogemos un cachorro no tenemos en cuenta casi nunca que es un animal que tiene
una necesidad de realizarse a sí mismo, de encontrar un sitio en el espacio en
donde vive. El desarrollo sicológico de un perro es similar al humano, en
relación a que tienen etapas similares a las humanas, pasando por los estadios
infantil, adolescente, juvenil y adulto, cada uno de ellos con sus
peculiaridades. Un adulto equilibrado debe llevar un adecuado proceso de
socialización que empieza en el mismo momento en el que nace. Así, un cachorro
nos puede parecer un juguetito, pero tenemos que tener en cuenta que necesita
una serie de estímulos para que los problemas que nos va a dar en la etapa
adolescente no sean demasiado graves, y para que pueda llevar un desarrollo
sicológico más o menos adecuado. Está claro que la educación canina no son
matemáticas, y que esa evolución depende de muchos factores que a priori son
incógnitas, que tenemos que estar pendientes de esas variables impredecibles
para tomar las decisiones más adecuadas a cada momento. Y no tener miedo de
manifestar nuestros sentimientos a nuestras mascotas, pues es la forma en la que
ellos se comunican. Es la manera en la que podemos acercarnos a ellos.
La parte lógica de cerebro animal es la que controla el
aprendizaje de las órdenes básicas, el sit y el plas, y también la que hace que
el perro elabore sus propios mensajes basados en gestos con los que se
comunican con nosotros. Deberíamos entender el adiestramiento en los dos
sentidos: no sólo enseñar al perro las ordenes, sino tratar de diferenciar los
distintos mensajes que nos envían. Porque no nos debe caber la menor duda de que
los perros “hablan” a su manera, y nuestra obligación como sujetos dominantes
es comprender esos mensajes.
Jerarquía, dominancia y sumisión.
Los perros son animales gregarios que deben establecer una
jerarquía dentro de la familia si queremos tener una convivencia agradable. El
perro tiene el derecho, y debe, auto realizarse según los parámetros de su
especie, y nosotros les debemos proporcionar los medios para que esto sea así.
Pero esto no quita que el perro debe respetar unos determinados límites. Si
esto no fuera así, no se podría controlar a un perro adiestrado en guardia y
defensa, pues atacaría por su propia motivación. Sin embargo respeta la orden
de la parte humana del equipo.
La dominancia se manifiesta con agresividad en perros
inseguros. En la naturaleza el más agresivo y fuerte es el primero que come,
estableciendo así una jerarquía básica. Sin embargo la actitud del macho frente
a la hembra en el momento de la monta es de sumisión y la de la hembra frente
al macho es de dominancia. La dominancia y la sumisión dependen del carácter y
este de la naturaleza biológica, en el que juegan un gran papel las glándulas y
su producción de hormonas.
Se establece la jerarquía en relación al individuo dominante
frente al sumiso, que no es lo mismo que sometido. La diferencia radica en que
el individuo sometido lo es después de sufrir malos tratos, mientras que el
acto de sumisión es voluntario. La dominancia y la sumisión es la relación que
el individuo manifiesta ante determinadas circunstancias, no siendo un carácter absoluto, sino relativo a la
situación y/o al entorno. Un individuo dominante controlará sus impulsos ante
una situación estresante, mientras que un individuo sumiso se derrumbará si no
tiene a un individuo dominante controlando la situación. En el mismo sentido,
cuando paseamos con nuestro perro atado y, al cruzarnos con otro perro
manifestamos temor, inconscientemente mandamos al perro una señal en forma de
expresión corporal que nos coloca en situación sumisa, es decir, la situación
nos controla. Al perro no le queda más remedio que adoptar la posición
dominante, pero si tiene carácter inseguro, reaccionará con violencia contra el
otro perro.
Todos los perros son inseguros cuando son cachorros, por eso
necesitan a un individuo de carácter dominante junto a ellos para sentirse
protegidos, alguien a quien respetar que les de reconocimiento, y alguien sabio
que les guie espiritualmente. Si su cerebro no pierde energía en proporcionarse
esas tres cosas por su cuenta, pueden desarrollarlo a unos niveles
impresionantes, a unos niveles en los que nuestros conocidos dirán: “tu perro
tiene una persona dentro”. Ese es el objetivo del amaestramiento.
La dominancia es, pues, la influencia que ejercemos en el
entorno y en los individuos que hay en nuestra zona vital. La sumisión solo se
debe manifestar hacia el individuo dominante, pues permitir que la situación
domine al perro, (o a nosotros), al no aprender a controlar la situación, no le
permitimos desarrollar el conocimiento necesario para ganar seguridad en sí
mismos, y tendremos problemas de adulto de miedos, ansiedad, agresividad,
estereotipias, etc. etc.
Una vez que hemos establecido la jerarquía podemos empezar a
tratar los problemas por actitudes inadecuadas según su naturaleza, y
reprimiendo las conductas intolerables.
La diferencia entre una conducta inadecuada y otra
intolerable estriba en que la inadecuada se debe mayormente a una mala
educación o a algún problema fisiológico del perro, mientras que se considera
intolerable conductas agresivas y violentas. Estas últimas deben ser reprimidas
inmediatamente, sin violencia pero de forma enérgica. Si permitimos que un
cachorro se salga con la suya después de una actitud intolerable daremos pie a
que de adolescente esa conducta empeore.
La selección del perro.
A la hora de elegir un perro no nos podemos dejar llevar por
romanticismos. Tenemos que hacer un ejercicio de meditación para poder
centrarnos en la razón por la que vamos a adoptar uno, teniendo en cuenta las
variables de nuestro entorno, si vivimos en un piso o en un chalet, en la
ciudad o en el campo, en la playa o en la montaña. Hay que tener en cuenta que
ese perro llegará a la edad adulta con una serie de necesidades que ya hemos
dicho que nos corresponde a nosotros solucionarlas. Para ello hay que
profundizar en varios aspectos como son la selección del cachorro según los
parámetros de raza, carácter, tamaño, capacidades individuales.
La raza es el producto de una selección artificial en la que
se han potenciado caracteres como el color del pelo, el tamaño, la
adiestrabilidad, y el carácter. Antes de adoptar un perro deberíamos saber qué
es lo que queremos. Si queremos un perro de compañía, deberíamos abstenernos de
buscar razas de carácter fuerte, pues este tipo de perros suele tener necesidad
de mucho ejercicio. En realidad el carácter de la raza, aunque depende en gran
parte de la genética, se puede mejorar trabajando sobre el temple, y educando
al instinto. Pero si lo que queremos es un perro “mascota”, deberíamos buscar
un perro al que la herencia le ha predestinado a serlo, como un bichón.
El tamaño es esencial cuando queremos un perro. Hay que
tener en cuenta de que cuanto más grandes son, más altas son sus necesidades
alimenticias. Y más espacio ocupará en la casa. Supongo que a nadie que viva en
un piso de 40 metros se le ocurrirá adoptar a un pastor del Cáucaso, pero visto
lo visto, es cierto que hay gente para todo.
El sexo, la edad, son también factores a tener en cuenta. Un
macho y una hembra tienen necesidades especiales distintas, aunque las
esenciales son las mismas. Y problemas
distintos. Una hembra en celo puede dar lugar a que surja rivalidad entre
machos y no podamos evitar una pelea entre dos animales que se hayan criado
juntos. En ese caso, quizás debamos plantearnos la castración como método de
cambiar la conducta mediante el método de eliminar las glándulas productoras de
testosterona en los machos, o de los ovarios en las hembras.
También tendríamos que tener en cuenta que un perro feliz es
aquel que cumple un rol dentro de la casa. Si tenemos un perro de carácter
fuerte, como un bulldog, no es mala idea que en el futuro realice unas pequeñas
tareas como “vigilante”. El perro también necesita sentirse útil.
Estando ahora en auge las especialidades deportivas en las
que se forma equipo con el perro, como el canicross, no sería mala idea buscar
algún perro de carácter equilibrado que le guste el juego. O uno tranquilo y
cariñoso para perro de compañía.
La conducta.
Normalmente se cree que adiestrar a un perro es un proceso
largo y complicado. Y en realidad no lo es tanto. Llegados a estas alturas, el
lector ya debería intuir que la mejor forma de adiestrar a un perro es ponerle
límites. Pero, ¿qué son los límites?
La misma conducta tiene varios niveles, básicamente la misma
conducta puede ser correcta, inadecuada o intolerable depende de la
circunstancia. Por ejemplo, imaginemos a un vigilante de seguridad con apoyo
canino. Si el perro ladra cuando detecta la presencia de un intruso y se pone a
la defensiva, es un comportamiento correcto, pues su función es detectar esa
variable. Si ladra sin ningún motivo y de forma convulsiva, es un
comportamiento inadecuado, pues está alterando el silencio necesario para que
la parte humana del equipo desarrolle su función. Y si ladra y se pone a la
defensiva contra el inspector de zona, es un comportamiento que al principio es
inadecuado y se puede convertir en intolerable si ataca al compañero. Por lo
tanto, el límite lo ponemos nosotros.
Nosotros tenemos que valorar inmediatamente la conducta de
nuestro perro y actuar instintivamente ante los diversos comportamientos. Y el premio y el castigo dependen de
nuestra capacidad de transmitir sentimientos con el lenguaje corporal. Si
somos capaces de transmitir esos sentimientos veremos como el perro avanza cada
vez más rápido en el aprendizaje.
Si el comportamiento es correcto, debemos darle el debido reconocimiento
con caricias y cariño. Si es inadecuado, una leve corrección debería bastar,
siempre y cuando ese comportamiento inadecuado no se transforme en intolerable
por no corregirlo en el momento en el que se manifiesta. Por ejemplo, dos
perros machos juegan a pelear. Se puede valorar como un comportamiento normal,
(no correcto, porque jugar a pelear no
es un juego inocente porque busca el establecimiento de una jerarquía. Tarde o
temprano, si los dos perros tienen un carácter dominante se llegará a una serie
de peleas que sólo terminaran cuando una de ellos ceda. Y a veces esto no
sucede nunca. Por lo tanto no debemos permitir que los perros jueguen a pelear,
sobre todo si vemos que se lanzan mordiscos al cuello. Otra cosa es si uno le
muerde la pata trasera a otro a la altura del corvejón. Esto último sí es una
incitación al juego. En estos juegos de violencia debemos estar al tanto de la
expresión corporal de los perros. Si antes de empezar el juego agachan las
patas traseras y miran de frente al otro moviendo el rabo es una expresión que
significa que todo lo que pase es en broma. Si este juego empieza desde una posición dominante, es una señal de
alarma. Debemos parar el juego inmediatamente.
En definitiva, cualquier tipo de agresión, desde un
gruñido hasta un mordisco, son
comportamientos intolerables si lo que queremos es un perro que no sea de
guardia y defensa. E incluso estos perros tienen sus límites marcados, como
hemos dicho más arriba.
La conducta de un perro depende de los límites que le
pongamos desde pequeñito. También la “licencia de cachorro” tiene sus límites,
aunque hay que tener en cuenta que una de las consecuencias en caso de
enfermedad es el mal humor con el consiguiente
cambio de carácter, aunque siempre la agresividad es intolerable.
Adiestramiento y amaestramiento.
Los animales se pueden clasificar según su relación con el
hombre de diversas maneras. Animales salvajes y domésticos. Dentro de los
domésticos en animales de granja, de trabajo, y mascotas.
Los perros, al igual que caballos, burros, bueyes, camellos
y llamas, son animales de trabajo, que han sido seleccionados por sus
capacidades físicas para realizar funciones especializadas dentro del entorno
del hombre. Así, la clasificación de razas de la RSCE se basa en el trabajo que
realizan. Pero aun así, los perros, al igual que los otros animales de trabajo,
necesitan ser instruido en la labor que va realizar.
El aprendizaje de un animal de trabajo tiene dos objetivos:
el adiestramiento y el amaestramiento. El adiestramiento, al igual que la doma,
es un procedimiento en el que el animal se somete al hombre contra su voluntad,
reconociéndole la total dominancia sobre la situación. En el amaestramiento, el
animal tiene la potestad de someterse o no, dependiendo de que la situación lo
requiera. Un perro adiestrado es un perro sometido, mientras que un perro
amaestrado es sumiso o dominante, pero siempre respetuoso y equilibrado. En el adiestramiento domina la cadena, en
el amaestramiento el respeto.
El perro amaestrado tiene infinitamente más posibilidades y
capacidades que el perro adiestrado, pues es capaz de resolver situaciones por
sí mismo sin la necesidad de la aprobación o corrección del humano. El perro
que ha sido adiestrado solamente podrá resolver un problema si además ha sido
amaestrado. De ahí la gran importancia de establecer límites. Un perro
amaestrado mirará a los dos lados de la calle y sólo cruzará si no vienen
coches. Es más, sólo cruzará por el sitio por donde crucen los peatones. Y
puede llegar a ayudar a personas invidentes a cruzar la calle sin que hayan
sido adiestrados para ese fin, de motus propio.
En el amaestramiento es esencial saber interpretar
perfectamente las señales que nos manda el perro, de ahí que un perro
amaestrado puede “amaestrarnos” a
nosotros en el lenguaje canino. Sólo tenemos que ser lo suficientemente
humildes para aceptar que también ellos pueden decirnos cosas.
Y, sobre todo, tener paciencia. Las claves para amaestrar a
un perro las podemos aprender en una sola tarde, porque en realidad sólo se
basa en tres factores: cariño, respeto y fuerza de voluntad. Y en tres
directrices: límites, límites y límites. Pero tener un perro amaestrado es
cuestión de meses, en los que tendremos que desplegar una gran dosis de
paciencia y tranquilidad, y no dejarse vencer nunca por los comportamientos
intolerables. Si los arrancamos en cuanto aparecen nuestro pero será más
gobernable en la primera fase de su desarrollo, en las que tiene que someterse
a las dos únicas ordenes necesarias: “quieto” y “ven aquí”, o a sus variables,
como “chist”, “eh”, “cam” “auss”, etc. estas órdenes y el sometimiento que
implican son la base de la corrección de los comportamiento inadecuados, en los
que al primer síntoma debemos aplicar un “quieto” seguido de un “ven aquí”. El
perro comprenderá que ha hecho mal cuando manifestamos nuestro enfado. El perro
al principio nos preguntará con una mirada si su actitud es la correcta, si
necesita corrección, y es nuestro deber ser sus guías espirituales para que
puedan alcanzar la felicidad haciendo lo que mejor se les da: Ser perros de
provecho.
Como ejemplo este video de como se implanta la orden de calla.
http://www.youtube.com/watch?v=u7pk4Yb0Gq4&feature=youtu.be
Habituar al perro a estimulos externos
http://www.youtube.com/watch?v=sBcRVW5gljk&feature=youtu.be
Más sobre habituación, con mejora de temple
http://www.youtube.com/watch?v=J7Xc63mr4xA
Como ejemplo este video de como se implanta la orden de calla.
http://www.youtube.com/watch?v=u7pk4Yb0Gq4&feature=youtu.be
Habituar al perro a estimulos externos
http://www.youtube.com/watch?v=sBcRVW5gljk&feature=youtu.be
Más sobre habituación, con mejora de temple
http://www.youtube.com/watch?v=J7Xc63mr4xA
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
