jueves, 11 de abril de 2013

El test de Cambell, o como conocer el caracter de tu perro

Los perros se organizan en jerarquías dentro de la familia según la fortaleza del caracter de cada individuo. El individuo de´caracter más fuerte ocupa un status más elevado dentro de la familia.

No se puede pretender que los perros razonen de la misma manera que lo hacemos los humanos. Los perros utilizan la parte emotivo-instintiva del cerebro. Se mueven por emociones. (igual que los humanos, que conste)

http://www.adiestramientodeperros.com/testdecampbell.html

En ese link os pongo las pruebas para conocer el caracter del perro. Hay que tenerlo en cuenta por que el caracter determina el tipo de adiestramiento y el trabajo de adulto que va a tener el animal. Un perrro de caracter dominante hay que cuidar de que no desarrolle comportamientos agresivos, pues no dudará en lanzarnos un mordisco en alguna situación estresante. Por el contrario a un perro miedoso, o demasiado sumiso, no viene mal modificar la conducta para que sea más seguro de sí mismo. Y hay que tener en cuenta que este trabajo debe estar realizado por algún experto.

Si tienes varios perros, el test te dirá el caracter de cada perro, y así podrás actuar en consecuencia ante los problemas que vayan surgiendo, territorialidad, celos, estres, micciones inadecuadas.

No dejes de leer las otras entradas si tienes alguna duda sobre adiestramiento o de mandarme un mensaje a elchicodeloslobos@hotmail.com o saturzetaadiestrador@gmail.com

Tambien puedes agregarme en Facebook como elchicodeloslobos@hotmail.com o Satur Zeta.

Y a disfrutar del perro, que están desaprovechados, jeje

miércoles, 10 de abril de 2013

Convivir con tu perro

     Hay una cosa que la gente no suele tener en cuenta, y es la evolución mental del perro, desde que es un cachorro hasta su edad adulta.

De pequeños, los perros, al igual que todos los mamiferos incluido el humano, necesitan la protección de los padres, así como su apoyo y adiestramiento, para que cuando sean adultos puedan ser animales de provecho.

Estamos haciendo un gran daño a los animales al considerarlos mascotas, pues ese status les condiciona a meros animales decorativos, y les niega la posibilidad de realizarse como seres adultos.

Si tienes problemas con tus perros deberías considerar la posibilidad de que se sientan frustrados por no poder ser lo que más desean, ser perros.

martes, 26 de marzo de 2013

Adiestramiento canino, cursos teoricos gratuitos. Practicas económicas.

Para los interesados en avanzar en el conocimiento de los perros he escrito este blog.
No dudeis en poneros en contacto conmigo en el correo elchicodeloslobos@hotmail.com en saturzetaadiestrador@gmail.com o en el blog.
Hay posibilidad de acampada libre en zona vigilada, con autocaravana, remolque o tienda. Barbacoa.
Tambien alojamientos rurales.
Para pasar un fin de semana de escandaloooooo

martes, 19 de marzo de 2013

FASES DE LA EDUCACIÓN DE BASE


La educación de base tiene como objetivos:

 

-          Crear una estructura jerárquica que para que el perro viva en un entorno en el que se sienta seguro. Ya hemos visto que todos los cachorros son inseguros, y que necesitan una personalidad fuerte para poder desarrollar su personalidad desde la felicidad. Ya tendrán tiempo de ser libres cuando sean responsables. Seguro que nadie quiere que su cachorro muera atropellado por un coche o sufras las heridas de un mordisco por que no obedeció las ordenes de “quieto” y “ven aquí”. Y para eso es necesario crear una entidad dominante sobre el cachorro y sus situaciones vitales para darle toda la seguridad posible. Esa jerarquía también le ayudará a encontrar su status dentro de la familia y a desarrollar el rol más adecuado a su carácter.

-          Establecer vínculos afectivos que refuerzan la relación jerárquica que, cuando el cachorro de sus primeras muestras de sensatez, empezará a ser flexible, dándole cada vez más libertad, siempre y cuando obedezca a la primera. Y también a aprender a jugar, a respetar los límites establecidos, que se irán ampliando según la confianza que vayamos ganando con él.

-          La habituación a los estímulos a los que se va a someter el animal durante su vida, ascensores, otros perros, gente, bicicletas, coches, ruidos y olores. Para ello es inevitable superar una fase de dominancia, en el que el perro se debe someter, sí o sí, a las órdenes dadas, sobre todo al “quieto”, al “calla”, y a otras que tienen como fin enseñarle a controlar los impulsos que le llegan de su  instinto.

-          Aprender juegos y órdenes que de mayor pueden ser útiles. Desde que el perro nace está aprendiendo. Y hay que aprovechar que el periodo en el que están más receptivos son los seis primeros meses de vida para inculcar conductas adecuadas y extinguir las inadecuadas.

 

 

Nadie tiene un método definitivo de cómo se debe hacer todo el proceso, unos hablan de positivismo, otros de condicionamiento clásico. Cualquier método es bueno, siempre que respete la naturaleza de animal, porque nunca se nos puede olvidar que debemos adecuar el entorno al perro, no el perro al entorno. Por eso, lo mejor es indicar cuales son las fases de desarrollo del cachorro, y la tarea que hay que hacer en cada momento.

 

Los perros aprenden cosas desde el momento en el que nacen. Nada más llegar a este mundo comienza la primera fase, que dura hasta las 8 semanas más o menos, en la que el cachorro está en la fase de “bebé”. En esta primera fase es esencial que estén junto a la madre, pues no sólo tendrán beneficios del calostro, la leche materna, que les inmunizará contra muchas enfermedades, aparte de que les aportará los nutrientes necesarios para su desarrollo, sino que  tendrán un primer contacto con otros perros, sus hermanos, y la interacción con ellos les hará más sociables, y facilitará la socialización. Los primeros 15 o 20 días, sólo comen y duermen, pero van aprendiendo a determinadas conductas a través de la impronta, (impriting) Lo que aprendan en esas dos primeras semanas no se les olvidara en la vida. Si el perro pasa los dos primeros meses de su vida con su madre no sólo tendrá más posibilidades de sobrevivir a cualquier enfermedad, sino que también será más sociable, más inteligente, aprenderá más rápido, crecerá más sano… Merece la pena esperar al destete para adoptar un cachorro, pues un perro “huérfano” crecerá en peores condiciones por muchos cuidados que pongamos en él. Nada es mejor que una madre.

En esta primera fase apenas vamos a poder interactuar con ellos, a menos que sea un cachorro huérfano, y de hacerlo sólo sería en el sentido de que se vaya habituando a relacionarse con humanos. Por ello evitaremos juegos violentos que puedan hacerles daño, aunque se puede jugar con ellos “a la pelotita”, con una bola de trapo para no dañarles los dientes, estimulando el ejercicio, procurando que se diviertan. Así implantaremos la idea de que jugar con el humano es bueno, y le situaremos en posición muy receptiva para que en la siguiente fase empiece a aprender órdenes a partir del juego.

 

A los dos meses se le puede hacer el test de Campbell, que aunque es un método predictivo no científico, puede ayudar a predecir cuál va a ser el carácter de nuestro perro, y prevenir los problemas que puedan venir por ser excesivamente dominante o excesivamente sumiso o independiente. Si quieres saber más sobre el test, pulsa aquí. www.testdecambell.com

 

La siguiente fase es la más importante en la educación del perro. Va desde los 2 a los 6 meses, y es la etapa infantil. Durante esta fase el cachorro empieza a desarrollar su carácter y se dan uno o dos picos de agresividad debidos al incremento de la producción de adrenalina, que interviene en el proceso de crecimiento y desarrollo. Es importante estar al tanto de estos momentos pues, aunque nunca se debe consentir una conducta agresiva, debemos entender que en este caso la conducta es inadecuada pues se debe a la estimulación de la adrenalina. Debemos parar el comportamiento agresivo y desviar su atención hacia el juego. En este momento le podemos empezar a guiar en lo que va a ser su vida futura, si es un perro de caza, jugaremos a la caza, si es un perro de compañía, fomentaremos los comportamientos dóciles, si es un perro guardián, guiaremos su agresividad y dominancia hacía juegos de acción, correr, saltar.

En esta fase se aprenden las órdenes básicas, siéntate, ven aquí, tumbado, quieto, junto, dame la pata, y las que se nos vayan ocurriendo. El método de enseñanza es sencillo: Primero, buen humor, verlo como un juego. No hay que alterarse, porque el perro interpreta nuestros sentimientos y estará mucho más receptivo ante una persona que le ofrece diversión que ante otra que le amenaza con un castigo. Segundo, una orden al día, y al día siguiente repasamos lo que sabemos. No hay que aturullar al cachorro con varias órdenes de golpe, pues lo único que conseguiremos es agotarle, desviará su atención, nosotros nos frustraremos, ellos se despistarán más, en definitiva, un círculo vicioso que lleva al desastre. Hay que empezar con la máxima de que el adiestramiento completo no se culmina en un día. Es más, se prolonga durante toda la vida.

 

El aprendizaje de las órdenes.

 

Para que el perro aprenda las órdenes, hay varios métodos, y todos funcionan. Yo voy a aportar el mío. ¿Funciona? A mí sí, pero claro, depende del perro, algunos son más reacios a aprender ordenes que otro, depende de su carácter. Un perro equilibrado tendiendo a dominante es lo ideal para tener un perro que haga muchos “trucos”, pero todos pueden aprender lo mismo, sólo que con unos hay que tener más paciencia que con otros.

 

El “Ven aquí”. La orden internacional es “cam” o “kom” depende de si usamos el método inglés o alemán. Pero tiene un inconveniente. Si tenemos que aprender un idioma, para luego enseñárselo al perro perderemos unas décimas de segundo importantísimas a la hora de dar una orden. Por lo que lo ideal es hacer una seña que nos salga automáticamente. Podemos indicarle con la mano, o golpearnos la parte exterior del muslo, a donde lleguemos sin agacharnos. Si se la enseñamos de cachorro, podemos aprovechar el instinto natural del perro de venir a nosotros cuando nos agachamos. En ese momento decimos “ven aquí” o nos golpeamos la pierna. Cuando llegue, le damos un premio, sólo las primeras veces, luego sobra con una caricia sonriendo. Lo importante es poner al perro un estímulo lo suficientemente positivo como para que deje de hacer lo que está haciendo y venga a nosotros. Más adelante la orden “ven aquí” se dará sólo cuando vaya seguida de otra, como “quieto” o alguna de acción, como “busca”, “guarda”, etc. también el “ven aquí” seguido del “quieto” servirá para frenar un comportamiento inadecuado, como perseguir gatos, correr detrás de los coches, subirse encima de la gente, etc.

 

El “quieto”.  También se puede usar “chisttt” que vale también para “calla”. Las dos  son órdenes represivas, por lo que cambiando el énfasis de alegre a enfadado podemos usarlas como imposición o correctivo. También se usa en adiestramiento avanzado como orden tranquilizadora o para habituarle a animales, como gallinas o gatos. El quieto tiene como función la de detener la acción del animal. Es decir, si vemos que comienza un comportamiento inadecuado, un quieto a tiempo evitará que se convierta en intolerable. Para inculcárselo, no queda más remedio que usar la cadena. Colocada a la altura de la nuca, daremos un pequeño tironcito con un giro de muñeca en el momento de que se produzca una acción inadecuada, o un ladrido inadecuado. El quieto y el calla, son dos órdenes que no se aprenden jugando, sino aplicando la dominancia y la sumisión. Quizás son las únicas en las que el respeto a la jerarquía sea indispensable, por lo que no debemos se pusilánimes a la hora de darlas, pues esa pequeña disciplina puede primero salvarle la vida al perro, y después facilitar la convivencia.

 

“Siéntate”. Es una orden muy  sencilla de enseñar, pues forma parte del vocabulario del perro. Una vez que ha aprendido el “calla”, en un entorno en donde no haya ninguna distracción, solos en casa después del paseo, por ejemplo, nos agachamos delante de él con una salchicha y se la enseñamos por encima de la nariz, sin que la coja. El tratará de saltar hacía ella, nosotros le damos la orden de “quieto” con autoridad, seguida de la de siéntate a la vez que bajamos la salchicha. Tarde o temprano se sentará mirando la salchicha, pues es su forma de decir “estoy esperando”. En ese momento le damos la salchicha. Y así siempre que le demos comida le diremos “siéntate” y no se la daremos hasta que no se siente.

 

“Tumbado”. Desde la orden siéntate, llevamos la mano hasta el suelo, a la vez que decimos “tumbado”. Instintivamente el perro se tumbará. Cuando lo haya hecho le pasamos la mano por el pecho debajo de las costillas en sentido caudal, rascándole. Él se tumbará patas arriba y entonces le rascamos la barriga. Esta postura, lejos de mostrar sometimiento, es una muestra de cariño con la que nos dice que acepta nuestra posición. Mostrar sumisión, de forma voluntaria, no sometimiento, que siempre es obligado, es la forma en la que el perro te dice que va a aceptar tu status dentro de la familia.

 

“Dame la pata”. Es una de las órdenes en las que se aplica a rajatabla en condicionamiento clásico. Para obtener una recompensa tienes que realizar una acción. Es una orden complementaria al “siéntate” y además de ser una especie de juego puede convertirse en una seña convencional con la que el perro aprende a decir “dame”. Desde el sentado, con la salchicha en la mano izquierda mostramos la palma de la mano derecha por debajo de su hocico, y decimos “pata”. Le damos un palmeo con la mano en la pata delantera, a la vez que repetimos pata, mostrando la salchicha. Cuando el perro comprenda que para tener la salchicha tiene que poner la pata en la palma de tu mano lo hará inmediatamente. Y luego, cada vez que quiera una salchicha, o cualquier otra cosa, hará una seña dando la pata.

 

“Junto”. Cómo orden tiene carácter represivo, pues busca que el perro se pegue a nosotros mientras caminamos. Es una orden que se puede utilizar para que no tire de la cadena y que nos siga, y la forma de enseñarla es igual que la de “quieto”. Atado con el collar a la altura de la nuca, con un leve tironcillo. Insisto, es mi método porque entiendo que si es una orden represiva hay que utilizar la dominancia. Seguramente haya métodos positivistas que logren el mismo resultado sin atar nunca al perro. Pero sólo funcionan con perros equilibrados o sumisos. Cada perro es un mundo y el método se debe adaptar a cada perro.

Pero por otro lado, el “junto” forma parte del vocabulario del perro y significa “yo te acompaño”, o “estoy contigo apoyándote”. El perro cuando quiere darte su apoyo, ya sea físico o emocional, se coloca de pie pegado a tu pierna, en pleno contacto. Si tienes la mano a su altura, la “morderá” cariñosamente. Eso es un “beso” o un abrazo en idioma canino. Por lo que la orden de junto no debería ser difícil de aprender si el perro está debidamente socializado con la familia.

 

Para otras ordenes, trucos, hay que empezar desde el juego, teniendo en cuenta que siempre tenemos que haber conseguido antes  equilibrar a nuestro perro, mejorando el temple y el carácter. Puede hacerse el muerto, buscar cosas, juegos como la pelotita, el frisbi, el corre que te pillo. Traer el periódico, las zapatillas. Para todos ellos hay que entender que lo que más le gusta al perro es pasárselo bien, y que disfruta viéndonos disfrutar. Por eso, si tenemos el suficiente sentido del humor, la suficiente paciencia y ganas, podemos hacer que nuestro perro aprenda un montón de trucos jugando con él un rato al día. Porque tenemos 15 años de convivencia por delante, y eso son muchos días.

 

miércoles, 13 de marzo de 2013

Evitar problemas de conducta


Hay que romper un mito. En la absoluta mayoría de los casos en los que los perros dan problemas el culpable es el humano que comete el error de humanizar la conducta del perro, de considerar al perro como mascota y/o no dejar que el perro se realice como perro. Y si seguimos las siguientes instrucciones nos ahorraremos un montón de problemas.

Un perro no es un muñeco, tampoco es un juguete. El perro es el primer animal domesticado por el hombre hace 14000 años, 4 milenios antes que el resto de los animales domésticos. Y eso es por una razón.

Lo que menos le hacía falta al hombre de la Edad del Hielo es una carga. No se podía permitir el lujo de tener mascotas. Según los descubrimientos arqueológicos de Oriente Medio, el primer “perro” sería un lobo solitario que se acercó a los poblados humanos en busca de los restos de la caza. Su instinto le llevaría a colaborar en la caza, accediendo a los restos productos de la limpieza, tripas, huesos y diversos órganos internos. Es posible que defendiera la entrada de la cueva durante la noche, o detectara la presencia de algún ocupante peligroso, osos de las cavernas, leones o tigres dientes de sable. Lo que es seguro es que se creó una relación simbiótica entre ese lobo solitario y el grupo humano.

Desde entonces se fue haciendo una selección artificial de animales según la necesidad del momento: olfato y agilidad para la caza, fiereza y lealtad para guarda y defensa, docilidad y sumisión para animal de compañía o “calienta-camas”. Pero siempre el perro ocupa un lugar dentro de la tribu.

Actualmente, hay cientos de razas de perros, cada una “creada” con un determinado carácter según el trabajo que debe realizar. Por eso es tan importante hacerse una serie de preguntas antes de elegir un perro, la primera, la más importante:

 

¿De verdad quiero un perro?

 

 Es una pregunta obligatoria. Un perro requiere responsabilidad, es un ser vivo que tiene unas necesidades, y nosotros nos obligamos a dárselas. Si no estamos dispuestos a tener sacrificios no merece la pena que nos planteemos la idea de tener perro pues tenerlo conlleva muchos inconvenientes: no podemos ir a cualquier sitio, pues no en todos los sitios admiten perros. En caso de hacer un viaje, tenemos que procurarle un sitio al perro, y no hacer que la familia cargue con el cada fin de semana. Luego están las vacunas, los pises, las cacas, los ladridos, los olores, las visitas al veterinario y al peluquero. Hay que darle de comer, sacarle de paseo, convivir con él y con sus problemas, etc.  Si lo que quieres es una mascota, piensa mejor en peces de colores. Un perro no es una mascota. Un perro no es un animal de decoración.

Si tu respuesta sigue siendo afirmativa ahí va la siguiente pregunta.

 

¿Qué perro, de qué raza, de qué tamaño?

 

No todas las razas son aptas para todas las personas y no hay que dejarse guiar por la pena o el Ego a la hora de elegir perro. Hay que buscar un perro que se amolde a tu carácter, pues su trata de una convivencia de 12 o 15 años, por lo que la afinidad de caracteres aumenta las posibilidades de una buena relación. Si somos de carácter sedentario, debemos abstenernos de adoptar perros de trabajo tipo border collie o aussie, pues son perros que tienen una gran necesidad de ejercicio y tenerlos confinados en el interior puede ser frustrante para ellos, dando origen a problemas de ansiedad, ladrido excesivo, micciones inadecuadas, agresividad, etc. Si somos sedentarios busquemos un perro sedentario, un chiguagua, un yorkie, un galgo (aunque no lo parezca, el galgo es uno de los perros más tranquilos) También hay que considerar el espacio del que disponemos. Esa misma persona sedentaria, si dispone de mucho terreno cerca de casa, y está dispuesta a darle al perro un par de horas de esparcimiento, puede elegir ese border o ese aussie. Lo que no se puede hacer es elegir un perro de esos si vivimos en un piso pequeño de una gran ciudad. Hay que adaptar el espacio al perro, no el perro al espacio.

 

¿Para qué quiero un perro?

 

De la respuesta dependerá mucho la raza, el tamaño, el carácter del animal. Lo normal es que la gente busque un perro de compañía.  O lo que es lo mismo, chiguaguas, yorkies, Shin-tzu, pomeranian, bichón… Un dobermann no es un perro de compañía, es un perro de guardia y defensa. Un cocker no es un perro de compañía, es un perro de caza. ¿Quiere decir esto que no los debemos elegir? No. Significa que tenemos que saber que perro elegir según para que queramos el perro. Una buena idea es consultar primero la clasificación raza de la FCI, pensar en adoptar un mestizo, visitar después perreras, albergues, protectoras. O preguntar en criaderos, somos libres. Pero siempre hay que tener en cuenta que vamos a convivir de 12 a 15 años con un ser vivo que tiene necesidades. Y la selección del perro según su carácter y tamaño nos va a facilitar tanto la convivencia como los posibles adiestramientos que queramos darle, ya sea obediencia básica, avanzada deportiva, caza, guardia y defensa, servicio, terapia, etc.

Lo importante es no elegir un perro para sentirse bien con uno mismo, o por pena, glamour, Ego, o cualquier otro error de la psique humana, si no por una necesidad real y siempre asumiendo las responsabilidades que conlleva tener perro.

 

¿Cachorro o adulto?

 

A la hora de adoptar la edad no importa. Un perro adulto también se puede adaptar a un nuevo entorno si no tiene ningún problema subyacente. Cualquier perro que haya pasado una etapa de readaptación en una protectora responsable es totalmente apto para la adopción y no dará más problemas que los normales. Además, los perros adultos tienen ya todas las tareas aprendidas y en apenas una semana se acoplarán a la familia en cuanto vean que hay comida regularmente. No se sabe si los perros añoran a sus antiguos dueños, pero sí que se pueden adaptar a dueños nuevos.

El cachorro, que normalmente viene de criadero, tiene un problema específico y es que suelen venir sin socializar. Esto significa que todo el proceso que con el perro adulto no tenemos que hacer porque este ya lo tiene inculcado, tenemos que llevarlo a cabo con el cachorro. Tiene que habituarse al entorno, a la gente, a otros perros, a cosas como bicicletas, ruidos, coches. Tiene que aprender a hacer sus cosas en el sitio designado, a pasear con la correa. Pero es un proceso alucinante que si se lleva con responsabilidad  puede dar muchas satisfacciones.

En definitiva, elegir uno u otro tiene sus pros y sus contras, y tenemos que tenerlo en cuenta a la hora de adoptar un cachorro o un adulto.

 

Y después, ¿qué?

 

Ya tenemos elegido perro, ahora tenemos que tener en cuenta las necesidades sicológicas del perro. Por mucho que suene raro, la mayoría de los problemas que vamos a tener se van a deber a inadaptaciones con el medio ambiente o con nosotros. La psique del perro es muy sencilla y es en esa sencillez en donde radica sus problemas, dado que nosotros tenemos una vida demasiado artificial para que un ser que no separa el pasado del futuro, que su lenguaje no tiene recursividad, y que no es capaz de razonar los porqués de la moral humana pueda aceptar con normalidad las situaciones cotidianas a las que se va a enfrentar. Tenemos que recordar que debemos adaptar el espacio al perro, no el perro al espacio, por lo que debemos entender que muchos de los comportamientos que nosotros consideramos inadecuados son aceptables para ellos. Por eso lo primero que tenemos que aprender es a tener paciencia y buen humor.

Habrá cosas que no sepamos, y eso es normal. Nadie sabe todo. Y para eso he abierto el blog, para tratar de despejar algunas dudas y poner mis recursos a disposición de todos los lectores. De la misma manera que acudimos al veterinario cuando hay un problema de salud, deberíamos ver con normalidad acudir a un profesional de la terapia conductista canina para resolver problemas de conducta, socialización, o de terapia sociológica, o para aprender técnicas de cambio de conducta.

 

Lo primero que hay que aceptar, y no me cansaré de decirlo hasta la saciedad, es que un perro es un perro, y que hay que tratarlo como tal. Creedme, no vais a ofender a vuestro perro si le tratáis como un perro. En realidad es lo que le va a hacer más feliz. Hay que tener en cuenta que el perro va a formar parte de la familia, por lo tanto va a asumir un status dentro de la familia y a jugar el rol correspondiente a ese status. Si desde pequeñito le dejamos claro cuál es ese status nos ahorraremos muchos problemas futuros. Pero, ¿Cómo se define el status en un animal?

 

En realidad no es tan difícil. Ellos ya tienen en sus genes la necesidad de formar parte de un grupo. Son animales gregarios, como nosotros, y es precisamente esa necesidad biológica la que, sumada a nuestra empatía, hizo posible su domesticación. Puede que sea incluso el único animal puramente doméstico, pues otros animales de nuestro entorno, como ovejas, gallinas, quizás los caballos, son animales que no sienten ningún apego por la casa, y si se pueden escapar, se escapan. Sin embargo el perro, aunque duerma en la calle, nunca se alejará del domicilio familiar. Y ya vienen “programados” genéticamente para hacerse un sitio dentro del grupo. Lo único que tenemos que hacer es poner límites. Y tener muy claro lo que son actitudes adecuadas, inadecuadas e intolerables, como ya se explicó en la primera entrada.

 

Es el momento de volver a explicar los conceptos de jerarquía, dominancia y sumisión. Hay quien dice que es imposible una relación de dominancia entre dos especies diferentes, pero la realidad es que sí. El individuo A es dominante sobre  el individuo B cuando impone su voluntad sobre él. Si yo digo al perro “ven aquí” y el perro viene soy dominante sobre él. Si él se somete a mi voluntad se crea una relación jerárquica en la que yo ocupo un sitio más alto en la escala, mi status es superior al suyo.

 

Pero yo voy un paso más allá, pues lo que me interesa es llegar a una relación simbiótica plena con mis perros, es decir, colaborar en todas las situaciones de la vida. Para ello hay que conocer el lenguaje de los perros, y aceptar la flexibilidad en la relación jerárquica. Pero antes de poder confiar en tu perro, debes pasar un proceso de adiestramiento en el que el individuo dominante debes ser tú, que eres el adulto. Así el individuo dominante es el que controla la situación, independientemente del status que ocupe dentro del grupo. Esto puede ser tomado como una conducta inadecuada en el caso de ser el perro el que se muestre dominante, por ejemplo si a la hora de pasear va delante de nosotros, o si se vuelve incomprensiblemente rebelde. Debemos usar el instinto para determinar la razón de su actitud. En el caso de ir delante, en realidad no es una actitud dominante, pues siempre va a ir a donde nosotros vayamos. El ir delante es el modo de exploración. Si detecta algo extraño, se parará y esperará a que lleguemos. Y lo mismo pasa con esa rebeldía repentina.

 

Lo adecuado en nosotros es observar todos los indicios de nuestro perro para determinar cuál es la mejor manera de actuar. Somos un equipo, ellos ponen el instinto, nosotros la razón.

 

Mediante la observación empezamos a conocer a nuestro perro. Si se niega a entrar en la caseta, debemos esperar que haya algo o “alguien” en ella. Si revuelve la manta, quizás tenga frio y quiera taparse. Si desecha la comida, es posible que no tenga hambre o que la comida esté en mal estado. Antes de juzgar una actitud debemos averiguar si hay una razón para ello. Es normal que los perros ladren, una vez o dos, o tres. Pero si están todo el día ladrando y el ladrido suena a nervioso, es casi seguro que esté pasando un proceso de ansiedad o de frustración. No es normal que un perro se haga sus cosas en la habitación en donde duerme. Los sacos anales están llenos de feromonas que esparcen por doquier para mostrarse al mundo. Esas feromonas, que también están en la orina, son su seña de identidad. Cualquier perro que las detecte sabrá de él, o de ella, y nuestro perro también sabrá de otros congéneres de la misma forma. Por eso, si se lo hace en casa es señal de que algo va mal. Puede ser algún problema gástrico, o estrés, ansiedad, miedo, etc. Si nuestro perro no quiere jugar, si está triste en un rincón, si tiene un temperamento arisco incluso mal genio, debemos pensar  primero que es posible que esté enfermos, y muestre esa apatía o ese mal genio como síntoma psicológico de la enfermedad, pues de la misma manera que a nosotros se nos cambia el humor cuando estamos enfermos, a ellos les pasa lo mismo. Y aunque una actitud intolerable siempre es una actitud intolerable, debemos tratar de averiguar cuál es el origen de ese mal humor antes de pensar en deshacernos del perro.

 

Siempre es importante mantener esa relación jerárquica mientras que el perro esté en periodo de aprendizaje, y la primera disciplina es la de la cadena. Para que no de problemas con el paseo, debe entender que cuando va atado, va atado. Para ello no está de más dejarle atado un día a algún sitio del que no pueda soltarse. Así aprende a no luchar contra la cadena y a “someterse” a la situación. Cuando comprenda que de la cadena no puede huir, dejará de tirar de ella.

 

 

 

jueves, 7 de marzo de 2013

DIVERSAS SEÑAS DEL IDIOMA DE LOS PERROS. COMO CAMBIAR CONDUCTAS 1ª PARTE


 


 

Mucha gente ha leído ya lo que se ha convertido en libro de culto para todos los amantes de los perros. Este libro es “Señales de Calma”, de Turid Rugass. La escritora describe hasta 30 señales de calma con las que el perro “dice cosas” al humano. No son las únicas. Hay muchas más señales, incluido el “no, paso”, “sígueme”, además de las señales convencionales, como el “dame”, “comida”, “rico o bien”, “malo o mal”.  Para reconocer estas señales tenemos que tener en cuenta que los perros no razonan de la misma manera que nosotros, que en ellos manda el instinto y que sólo utilizan la razón cuando el instinto se agota. Por ello tenemos que poner nuestra mente en la misma frecuencia que la suya, o sea que tenemos que usar el instinto antes que la razón. A la hora de extinguir un comportamiento inadecuado o intolerable, debemos actuar de la misma manera, instintivamente, pues la razón es mucha más lenta, necesita explicaciones y no hay tiempo de darlas. Tenemos que aplicar un “quieto” y “ven aquí” en el momento de la mala acción. Pero eso se verá más detalladamente cuando se analicen algunos de los gestos más habituales de los perros y su significado.

 

La primera es el “no, paso”. Cuando damos una orden al perro y este no quiere hacerla, por la razón que sea, baja la mirada, gira las orejas, saca la lengua como haciendo burla y se gira en sentido contrario, todo en un solo gesto.  No tiene por qué ser un comportamiento inadecuado, simplemente es una manifestación de voluntad. Si insistimos en la orden, la aceptará de mala gana. Por lo tanto, esa señal nos debería hacer reflexionar sobre si estamos dando una orden adecuada o no. En el mismo sentido hay un gesto que indica que estamos haciendo algo mal o inadecuado, lo he observado más en animales grandes, como pastores alemanes o mastines. Se ponen delante de nosotros en el sentido de la marcha impidiéndonos el paso, con gesto en cara de sumisión, orejas hacia atrás y leve sonrisa, “smiling”. Significa que hay algo en el camino o en nuestra acción que supone un peligro o no es adecuado.

 

El “sígueme” lo habremos observado más de uno. Este gesto tiene variables según el tamaño del perro, pero suele empezar con un giro de columna, enroscándose como una pescadilla, mirándonos con gesto de sumisión y “smiling”. Seguidamente miran con el cuerpo recto en la dirección que quiera ir y dependiendo del perro, un animal sumiso se situará detrás de nosotros incitándonos a andar, y un dominante se pondrá delante haciéndonos una seña con la cabeza para que le sigamos. Los dos gestos pueden ir acompañado con un ladrido o un lloriqueo. Suele significar que han visto algo y nos lo quieren enseñar, y en los perros de instinto de guardia o vigilancia, el gesto nos indica que en esa dirección hay algo que les preocupa, o algún intruso. En los perros de caza, este gesto suele indicar la dirección en el que está la presa. En el argot de los cazadores se llama “muestra”. Ese gesto de muestra es el que utilizan los perros para indicar una dirección. El rabo también juega un papel importante a la hora de determinar qué nos quiere enseñar el perro. Si es algo divertido, o viene alguien conocido, moverá el rabo de un lado a otro, o “bailará la bachata” con los cuartos traseros si el animal tiene el rabo amputado. Si lo que ha detectado es un peligro o un intruso, el rabo estará en posición horizontal o caerá recto hacia el suelo. Si lo esconde entre las piernas, es que muestra miedo del estímulo, y tenderá a esconderse detrás de nosotros.

 

Para el “rico o bien”, se relamen con gusto, mostrando después una actitud de juego, bailando con las cuatro patas, moviendo el rabo, agachando las patas delanteras, etc.,  mientras que para el “malo o mal” hacen un “no” y después se sientan dándote la espalda. Si además miran al horizonte, es que has hecho “muy mal”.

 

El “dame” es uno de los signos convencionales, por lo que cada dueño tiene su versión con sus perros. Ellos no piden las cosas, directamente las cogen, cediendo el animal sumiso su sitio al dominante. En la naturaleza el “dame” lo hacen adoptando posición de cachorro, agachándose de las cuatro patas y levantando la cabeza hacia la boca del otro perro, lamiéndole el belfo. Es una reminiscencia del animal cachorro que lame la boca de la madre para incitarla a vomitar. Yo he “convenido” con los míos en un gesto distinto que indica el dame: “siéntate”, “dame la pata”, y entonces le doy la “salchicha”. Cuando el perro quiere salchicha, o algún “caramelo”, se sienta, levanta la pata y se relame, y hace la “muestra” mirando al sitio en donde están los caramelos. Pero el dame no vale sólo para esto, también lo hacen para pedir cosas, como juguetes, agua, que enciendas la estufa, que les tapes con la manta. En general, para cualquier seña hay que entender que para ellos es más fácil, realizar una seña de origen instintivo que razonar un gesto. Para que les enciendas la estufa, se ponen al lado de esta, y te miran temblando. O para que les tapes con la manta, se ponen encima de la manta y la rascan con las patas, haciendo ruido para llamar la atención. Este último gesto también vale para que levantes algo, como una piedra, palos, tierra. Indica que hay algo que les llama la atención en ese lugar.

 

El “déjame en paz, pesao”, es una de las señas más graciosas que hacen. Cuando están tumbados tranquilos y les tiras suavemente del rabo, hacen un “no” seguido de una lamida de manos, apartándose de tu lado. Ellos entienden las bromas, pero a veces, igual que nosotros, no están de humor. Hay que saber interpretar estas señales para darles su espacio, pues a veces necesitan estar solos, por ejemplo cuando quieren echarse la siesta. Los perros no duermen como nosotros, 8 horas seguidas. Como la mayoría de los animales, dan cabezadas cuando se sienten seguros. Si llevan tiempo sin dormir, buscan un sitio apartado y escondido, o calentito si es invierno y ¡a dormir!

 

Una de las señales que he observado en los perros guardianes es la de “tranquilo, que yo me ocupo”. Te miran y con gesto sumiso lanzan un lametazo al aire, imitando el lamido de una madre a sus cachorros, para luego volver a su labor de vigilancia. Es una señal curiosa y que deberíamos recompensar si queremos que nuestro perro sea un guardián eficiente. Al reconocer su labor, le estimulamos para mejorar en esa tarea. Y como muestra, el final de este video, en el que Kira me dice "tranquilo, yo me ocupo" en un momento de alarma. Detrás de los matojos había un zorro.


y despues de desaparecido el peligro

http://www.youtube.com/watch?v=GVAUHV_UxOM

El “aquí espero”.  Esa seña es muy conocida por los adiestradores pues incitan al perro a sentarse mostrándole una golosina. El animal se sienta, pues es un gesto que indica que espera que realices una acción. También en el caso de un perro “pesao” o que muestra una actitud inadecuada, se sientan para indicar que esperan que cambie su comportamiento. Por supuesto, en el caso de que un perro nos muestre agresividad, no debemos sentarnos, pues podemos incitarle a atacar, al verse en una posición dominante.

 

El “hola, buenas” es otra seña muy conocida. Se acercan (o te esperan mientras te acercas) en actitud sumisa moviendo el rabo de lado a lado. Normalmente, cuando tienen mucha confianza, suelen poner las patas encima de la visita, o de nosotros mismos. Eso es una incitación a jugar, pues piensan que la familiaridad les da libertad para proponer juegos.

 

“Vamos a jugar”.  Esta seña la realizan agachando las patas delanteras, manteniendo levantadas las traseras. También es la posición desde la que se aprende la orden de “túmbate”, pues ningún perro en actitud dominante se tumbará mientras conserve esta actitud. Más adelante indicaremos como cambiar la actitud de un perro, tanto de dominante a sumisa, como de sumisa a dominante (esencial para extinguir el miedo). A partir de la seña de “a jugar” todo lo que pase se considera “una broma”, así que si queremos estimular al perro miedoso con juegos de pelea, debemos hacer la seña antes de iniciar el juego, y suspender este al primer indicio de sumisión. También es un “vamos a jugar” si te miran en actitud agresiva, gruñendo, mientras mueven el rabo. Normalmente hacen esta seña si se trata de un juego de perseguir o de tirar la pelota.

 

“Perdona, me he pasado”. Cuando durante el juego se les “va la mano” y hacen daño al compañero, sea este una persona u otro perro, paran inmediatamente y se acercan en actitud sumisa, echando las orejas hacia atrás y abriendo mucho los ojos como diciendo: “ups, me pasé”. Después de esto el otro perro suele hacer un “tranquilo, no pasa nada”, dándole un lametón en el labio o haciendo la seña de “vamos a jugar”, depende del carácter dominante o sumiso del perro dañado, respectivamente.

 

Una señal sonora bastante habitual, sobre todo en perros pequeños es el “¡Eh! ¡Que estoy aquí”. Normalmente es un gruñido, pero también puede ser un solo ladrido. Aunque en su mente se ven como perros grandes, el mundo les parece de gigantes, y suelen recurrir a las señales sonoras más habitualmente que los perros más grandes. Esa es la razón por la que los perros pequeños tiendan a ser tan escandalosos. La mejor manera de eliminar el ladrido inadecuado la veremos a continuación.

 

 

 

COMO CAMBIAR LA ACTITUD DE UN PERRO.

 

El error más común que comete la gente con sus perros es la de recompensar las actitudes inadecuadas, cómo cuando le cogemos en brazos cuando se muestra agresivo, y castigar las correctas que no se toman como tales, como la del gruñido como señal de atención en los perros pequeños. En general, los perros suelen ser animales sumisos que tienen muchos problemas de inseguridad, lo que les hace ser agresivos si no son socializados adecuadamente. Pero en el caso de tener un perro conflictivo no debemos tirar la toalla, todos los problemas tienen solución si tienes las herramientas adecuadas.

Cómo hemos visto, la mayor parte de los problemas surgen de la falta de comunicación o de atención entre perros y humanos. En el caso de conflicto debemos actuar de la siguiente manera:

 

-          Tenemos que descartar cualquier problema veterinario que pueda ser el causante de una conducta inadecuada, como la displasia típica del pastor alemán, que le causa cambios repentinos de humor por el dolor, o en el caso de defecaciones inadecuadas, mirar si está descompuesto y el animal no puede contenerlas. En cualquier caso, siempre que nuestro animal tenga un cambio repentino de conducta, debemos acudir al veterinario para descartar cualquier problema de salud. Aunque tampoco debemos ser pejigueras en demasía. Los perros también tienen sus días malos en los que es mejor dejarles solos. De todas maneras una conducta inadecuada es una conducta inadecuada y debe ser corregida de inmediato en el caso de darse, independientemente de que se deba a un malestar o no. El perro puede aprender que la violencia es siempre la solución, convirtiéndose en lo que se llama un animal resabiado.

-          Volvemos a lo dicho, nosotros, como propietarios somos los únicos responsables en evaluar que comportamiento es el correcto, inadecuado o intolerable, dependiendo del rol que queramos que juegue el perro dentro de la familia. Debemos recompensar las iniciativas de dominancia en caso de querer un perro guardián y corregir las conductas agresivas siempre. Hay comportamientos que son intolerables siempre aunque parezcan un juego, como el de jugar a pelear tirándose mordiscos al cuello, pues no es un juego inocente sino que busca la implantación de una jerarquía, que en el caso de no ser aceptada puede dar origen a peleas continuas.

-          En el caso de perros excesivamente dominantes, podemos ponernos un poco bruscos con ellos sin llegar a los golpes, que siempre son inútiles. Una cara de enfado cumple mucho mejor la función de regañina, y si corregimos el mal comportamiento apenas sse manifiesta con un leve tirón de correa, se erradica de inmediato. Para los perros excesivamente sumisos el proceso es el contrario. Debemos darles confianza con la habituación progresiva al estímulo, dejando que ocupen lugares de alta jerarquía, como tumbarse a nuestro lado en el sofá, o darles de comer de la mesa. (esto sólo en los primeros momentos de terapia y cómo estímulo positivo, después a comer en su plato y a dormir en su cestito). Con esto conseguiremos que el perro dominante sea más tranquilo y que el sumiso sea más equilibrado y más confiado.

 

miércoles, 27 de febrero de 2013

Curso de obediecia básica


El artículo 5º de la declaración universal de los derechos del animal dice en su apartado a:

Todo animal perteneciente  una especie que viva tradicionalmente en el entorno del hombre, tiene derecho a vivir y crecer al ritmo y en las condiciones de vida y de libertad que sean propias de sus especie.

¿Qué significa esto? Pues que tenemos que respetar la naturaleza del perro. ¿Y cuál es esa naturaleza? En el caso del mal llamado perro, que en realidad es una raza de lobo, dado que le hemos apartado de su medio ambiente, esa declaración le otorga, y nosotros somos los responsables de garantizarlo, el derecho de crecer y vivir en un entorno lo más parecido posible al propio de su especie, y en el que se respete sus necesidades biológicas,  y se facilite su desarrollo físico, mental y emocional, para que su vida sea lo más enriquecedora posible.

¿Cuáles son entonces nuestras responsabilidades? Pues dado que en su entorno vivirían en manada, (en Europa las manadas se reducen a la mínima expresión de la pareja reproductora y sus cachorros  por la falta de recursos alimenticios por la caza indiscriminada de los animales de los que se alimenta y la sobreexplotación ganadera de los montes en donde caza) mal que nos pese nosotros debemos cumplir la función de esa manada, dándoles protección, reconocimiento y guía espiritual.

¿En qué consiste cada una de esas cosas? La protección ante su natural recelo a lo desconocido debe ser proporcionada, exponiéndole gradualmente a los estímulos externos cotidianos que se va a encontrar cada día, otros perros, personas extrañas, bicicletas, carros de la compra, coches, etc.,  para que vaya habituándose. No se puede sobreproteger al cachorro sin motivo, porque si no es capaz de resolver pequeñas cosas de cachorro no va a ser capaz de resolver situaciones comprometidas cuando sea adulto. Y para protegerle del daño estamos nosotros con nuestra constante vigilancia.

El reconocimiento es fácil de explicar, pero difícil de aplicar. A veces los cachorros muestran conductas de perro adulto, como un instinto especial para la caza, o para la vigilancia. Recompensar  esas conductas hará que el perro se sienta bien consigo mismo y se sentirá integrado en la manada, con lo que aumentará su autoestima y su motivación. Hay que premiar las buenas conductas.

La guía espiritual es la que suscita mayor polémica, porque se considera que los perros no tienen alma. Pero aquí no hablamos de religión, sino de biología. El espíritu es esa fuerza interior que te empuja a hacer cosas. Los humanos nos hemos colocado del filtro de la moral y pretendemos que los animales también tengan moral. Es un gran error. Los perros no pueden comprender el concepto de moral por que no razonan, (o sí, en ese caso sí podría aceptar una determinada moral, dado que esta, al igual que la razón se basa en la respuesta de los porqués). Sin embargo, sí entienden de límites. De hecho, en la naturaleza la manada les marca límites desde el mismo momento en el que nacen. La licencia de cachorro es un concepto etológico que dice que entre los 16 y 24 semanas entran en una primera etapa de rebeldía en la que se creen con derecho a hacer lo que les parezca. Esa etapa es esencial en su desarrollo porque les da la osadía necesaria para el aprendizaje. Pero la manada no consiente todo. Aquello que se pase del límite aceptable es reprimido con un fuerte correctivo: un gruñido con muestra de dientes, llegando al revolcón si el cachorro no cambia de actitud. Y todo esto sin causarle ningún daño. Pero al cachorro le queda claro que esa conducta no es tolerable.

Con el paso del tiempo esa etapa da paso a otra más difícil: la adolescencia. En ella se produce un segundo episodio de rebeldía que en muchos casos acaba con el abandono del animal. Y todo porque en su momento no se supo poner límites.

 

 

El perro tiene derecho a establecer comunicación con los otros miembros de la manada. Y si en las etapas de desarrollo hemos sido capaces de que el perro se haya desarrollado psíquica y emocionalmente como es natural según su especie, de adulto tendremos un perro inteligente, capaz, perfectamente educado y que nos devolverá con creces todo el trabajo que hemos invertido en su educación. Y esa comunicación tiene como medio la expresión corporal de las emociones.

Pero, ¿qué son las emociones? ¿La manifestación del alma? Sí y no. Las emociones son el producto de la reacción de diversos neurotransmisores en el espacio sináptico de las distintas zonas del cerebro, activando determinadas neuronas especializadas. Se ha descubierto que en algunas zonas del cerebro de los perros, (y de todos los mamíferos, muchas aves y algunos reptiles y peces) hay neuronas especializadas en la captación de serotonina, la droga de la felicidad, por lo que se deduce que los perros también tienen la capacidad de ser felices. Y también sienten orgullo, miedo, ira, amor. Todos esos sentimientos se producen como consecuencia de esas reacciones químicas cerebrales.

Por lo tanto, podemos provocar la aparición de esos sentimientos a partir de estímulos externos como la exposición visual a través de una expresión corporal adaptada a las morfologías de perros y humanos. Por ejemplo, nuestras manos se convierten en bocas y lenguas con las que mordemos (castigamos) o lamemos (premiamos, consolamos, reconocemos méritos)

Y si somos capaces de producir esos sentimientos, sabiendo que el lenguaje de los perros es meramente emocional, con algunas expresiones verbales de acción y unos pocos sustantivos, podemos llegar a tener la suficiente comunicación con los perros, (y con otros animales)  para ser capaces de entender lo que en algún momento nos quieran decir, como “no pases por ahí que hay un peligro” o “algo grave a pasado, ven a solucionarlo”.

La integración del perro en nuestra manada es el paso necesario para su desarrollo psíquico, emocional y físico. Nos hará felices haciéndole feliz.

 

 

Morfología comparada.

 

El origen del perro es incierto, aunque hay varias teorías sobre ello. La más aceptada es que los perros actuales derivan de los molosos euroasiáticos, como el pastor del Cáucaso, de haskies y de tipo splitz, y de los perros salvajes africanos, todos descendientes de lobos. La razón por la que el hombre decidió domesticar al lobo es también desconocida, quizás fuera un animal juguete en origen, cuando los cazadores llevaban al poblado crías de animales para que los niños aprendieran jugando conductas de caza. Probablemente alguien se diera cuanta de las cualidades del perro como guardián del poblado contra animales salvajes, o como auxiliar en la caza. Más tarde, en la edad media empezó a usarse perros pequeños como animales de compañía y guardianes de sueño. Perros como chiguaguas, shin-tzu, yorkshire, vigilaban el sueño de sus dueños avisando de los intrusos. La historia de las razas es muy compleja.

 

Fisiológicamente sólo se diferencian de los humanos en dos detalles: su morfología y su cerebro. Este último está formado, al igual que el de todos los mamíferos, de las mismas zonas delimitadas por neuronas especializadas. La diferencia está en el grosor del córtex cerebral, que en los perros es más delgado que en los humanos. Esto tiene una consecuencia clara y es que los perros no tienen la capacidad de razonar, aunque si tienen pensamientos, emociones y sentimientos.

¿Qué son los pensamientos y los sentimientos? Como ya he ha explicado más arriba, son ni más ni menos que el resultado de la reacción de los diferentes neurotransmisores al ser captados por el botón sináptico de las neuronas. El hipotálamo, órgano encargado de sintetizar los neurotransmisores, sintetiza entre otros, dopamina, serotonina, y otros estímulos internos, cuya función es estimular las neuronas, dando origen a pensamientos y sentimientos.

A través de los sentidos, llegan los estímulos externos que es la percepción de todo aquellos que nos rodea. Esos estímulos hacen que el cerebro reaccione de diferente manera según estos sean positivos o negativos. Según sea esta reacción el perro actuará de una manera o de otra.

Por lo tanto podemos llegar a una conclusión: se puede establecer una comunicación entre especies utilizando como medio los sentimientos como estímulos positivos o negativos a la hora de transmitir órdenes. Y no sólo entender la comunicación en un sentido, sino en los dos sentidos, dado que tanto nosotros como nuestro perro somos a la vez emisores y receptores en el acto comunicativo.

 

EL  ACTO COMUNICATIVO.

Para que el adiestramiento canino sea efectivo hay que tener en cuenta la forma en la que se estructura la comunicación entre dos sujetos.

La comunicación es la forma en la que un mensaje llega desde un emisor hasta un receptor. Ese mensaje debe estar codificado en un lenguaje que sea comprensible para las dos partes. Y para ello los dos cerebros deben estar en la misma sintonía. Es importante encontrar un medio de comunicación con nuestros perros porque, cómo son animales sociales como nosotros, necesitan, no sólo manifestar sus sentimientos y necesidades, sino tener la certeza de que su mensaje ha sido comprendido.

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Para que la comunicación con nuestros perros sea eficaz, debemos tener en cuenta la forma en la que las dos especies conocen el entorno en el que viven. El perro conoce el mundo de una forma distinta a la nuestra porque la forma en la que lo percibe es distinta. Ellos perciben el mundo a través de los sentidos del oído y del olfato principalmente, lo que hace que la parte del cerebro  que más usan es la instintiva-emocional, a diferencia nuestra que, al conocer el mundo a través de la vista, nos hacemos una idea más exacta de nuestro entorno, por lo que podemos usar más la parte lógica de nuestro cerebro. Esa es la razón por la que nosotros podemos usar un elemento abstracto como son las palabras para comunicarnos, mientras que ellos se comunican a través de gestos y sonidos guiados por las emociones.

Hay muchos métodos de adiestramiento, tantos como adiestradores, pero básicamente todos se basan en dos aspectos: el condicionamiento clásico, que es el sistema de premios y castigos, y el condicionamiento en positivo en el que premiamos las acciones deseables, privando de atención a las indeseables. No hay un método fijo, todo se condiciona al carácter del animal. En un animal dominante, el condicionamiento en positivo sólo tendrá efectividad cuando se corrige la dominancia del perro, mientras que en un animal extremadamente sumiso, el castigo puede crear problemas de fobias. Cómo en todo, hay que encontrar un término medio, y sobre todo, profundizar en la comunicación con el perro, aprovechar que somos la especie “dominante” para establecer un código de lenguaje, utilizando la necesidad de comunicación que tienen los perros con los demás individuos de su clan familiar.

Muchos de los problemas que se generan con los perros son porque el acto comunicativo no se desarrolla de forma efectiva, o directamente porque no lo hay, creando situaciones desagradables que, al no comprenderlas, pueden generar en el abandono del animal o episodios de malos tratos. Cuando cogemos un cachorro no tenemos en cuenta casi nunca que es un animal que tiene una necesidad de realizarse a sí mismo, de encontrar un sitio en el espacio en donde vive. El desarrollo sicológico de un perro es similar al humano, en relación a que tienen etapas similares a las humanas, pasando por los estadios infantil, adolescente, juvenil y adulto, cada uno de ellos con sus peculiaridades. Un adulto equilibrado debe llevar un adecuado proceso de socialización que empieza en el mismo momento en el que nace. Así, un cachorro nos puede parecer un juguetito, pero tenemos que tener en cuenta que necesita una serie de estímulos para que los problemas que nos va a dar en la etapa adolescente no sean demasiado graves, y para que pueda llevar un desarrollo sicológico más o menos adecuado. Está claro que la educación canina no son matemáticas, y que esa evolución depende de muchos factores que a priori son incógnitas, que tenemos que estar pendientes de esas variables impredecibles para tomar las decisiones más adecuadas a cada momento. Y no tener miedo de manifestar nuestros sentimientos a nuestras mascotas, pues es la forma en la que ellos se comunican. Es la manera en la que podemos acercarnos a ellos.

La parte lógica de cerebro animal es la que controla el aprendizaje de las órdenes básicas, el sit y el plas, y también la que hace que el perro elabore sus propios mensajes basados en gestos con los que se comunican con nosotros. Deberíamos entender el adiestramiento en los dos sentidos: no sólo enseñar al perro las ordenes, sino tratar de diferenciar los distintos mensajes que nos envían. Porque no nos debe caber la menor duda de que los perros “hablan” a su manera, y nuestra obligación como sujetos dominantes es comprender esos mensajes.

 

 

Jerarquía, dominancia y sumisión.

 

Los perros son animales gregarios que deben establecer una jerarquía dentro de la familia si queremos tener una convivencia agradable. El perro tiene el derecho, y debe, auto realizarse según los parámetros de su especie, y nosotros les debemos proporcionar los medios para que esto sea así. Pero esto no quita que el perro debe respetar unos determinados límites. Si esto no fuera así, no se podría controlar a un perro adiestrado en guardia y defensa, pues atacaría por su propia motivación. Sin embargo respeta la orden de la parte humana del equipo.

La dominancia se manifiesta con agresividad en perros inseguros. En la naturaleza el más agresivo y fuerte es el primero que come, estableciendo así una jerarquía básica. Sin embargo la actitud del macho frente a la hembra en el momento de la monta es de sumisión y la de la hembra frente al macho es de dominancia. La dominancia y la sumisión dependen del carácter y este de la naturaleza biológica, en el que juegan un gran papel las glándulas y su producción de hormonas.

Se establece la jerarquía en relación al individuo dominante frente al sumiso, que no es lo mismo que sometido. La diferencia radica en que el individuo sometido lo es después de sufrir malos tratos, mientras que el acto de sumisión es voluntario. La dominancia y la sumisión es la relación que el individuo manifiesta ante determinadas circunstancias, no siendo  un carácter absoluto, sino relativo a la situación y/o al entorno. Un individuo dominante controlará sus impulsos ante una situación estresante, mientras que un individuo sumiso se derrumbará si no tiene a un individuo dominante controlando la situación. En el mismo sentido, cuando paseamos con nuestro perro atado y, al cruzarnos con otro perro manifestamos temor, inconscientemente mandamos al perro una señal en forma de expresión corporal que nos coloca en situación sumisa, es decir, la situación nos controla. Al perro no le queda más remedio que adoptar la posición dominante, pero si tiene carácter inseguro, reaccionará con violencia contra el otro perro.

Todos los perros son inseguros cuando son cachorros, por eso necesitan a un individuo de carácter dominante junto a ellos para sentirse protegidos, alguien a quien respetar que les de reconocimiento, y alguien sabio que les guie espiritualmente. Si su cerebro no pierde energía en proporcionarse esas tres cosas por su cuenta, pueden desarrollarlo a unos niveles impresionantes, a unos niveles en los que nuestros conocidos dirán: “tu perro tiene una persona dentro”. Ese es el objetivo del amaestramiento.

La dominancia es, pues, la influencia que ejercemos en el entorno y en los individuos que hay en nuestra zona vital. La sumisión solo se debe manifestar hacia el individuo dominante, pues permitir que la situación domine al perro, (o a nosotros), al no aprender a controlar la situación, no le permitimos desarrollar el conocimiento necesario para ganar seguridad en sí mismos, y tendremos problemas de adulto de miedos, ansiedad, agresividad, estereotipias, etc. etc.

Una vez que hemos establecido la jerarquía podemos empezar a tratar los problemas por actitudes inadecuadas según su naturaleza, y reprimiendo las conductas intolerables.

La diferencia entre una conducta inadecuada y otra intolerable estriba en que la inadecuada se debe mayormente a una mala educación o a algún problema fisiológico del perro, mientras que se considera intolerable conductas agresivas y violentas. Estas últimas deben ser reprimidas inmediatamente, sin violencia pero de forma enérgica. Si permitimos que un cachorro se salga con la suya después de una actitud intolerable daremos pie a que de adolescente esa conducta empeore.

 

La selección del perro.

 

A la hora de elegir un perro no nos podemos dejar llevar por romanticismos. Tenemos que hacer un ejercicio de meditación para poder centrarnos en la razón por la que vamos a adoptar uno, teniendo en cuenta las variables de nuestro entorno, si vivimos en un piso o en un chalet, en la ciudad o en el campo, en la playa o en la montaña. Hay que tener en cuenta que ese perro llegará a la edad adulta con una serie de necesidades que ya hemos dicho que nos corresponde a nosotros solucionarlas. Para ello hay que profundizar en varios aspectos como son la selección del cachorro según los parámetros de raza, carácter, tamaño, capacidades individuales.

La raza es el producto de una selección artificial en la que se han potenciado caracteres como el color del pelo, el tamaño, la adiestrabilidad, y el carácter. Antes de adoptar un perro deberíamos saber qué es lo que queremos. Si queremos un perro de compañía, deberíamos abstenernos de buscar razas de carácter fuerte, pues este tipo de perros suele tener necesidad de mucho ejercicio. En realidad el carácter de la raza, aunque depende en gran parte de la genética, se puede mejorar trabajando sobre el temple, y educando al instinto. Pero si lo que queremos es un perro “mascota”, deberíamos buscar un perro al que la herencia le ha predestinado a serlo, como un bichón.

El tamaño es esencial cuando queremos un perro. Hay que tener en cuenta de que cuanto más grandes son, más altas son sus necesidades alimenticias. Y más espacio ocupará en la casa. Supongo que a nadie que viva en un piso de 40 metros se le ocurrirá adoptar a un pastor del Cáucaso, pero visto lo visto, es cierto que hay gente para todo.

El sexo, la edad, son también factores a tener en cuenta. Un macho y una hembra tienen necesidades especiales distintas, aunque las esenciales son las mismas.  Y problemas distintos. Una hembra en celo puede dar lugar a que surja rivalidad entre machos y no podamos evitar una pelea entre dos animales que se hayan criado juntos. En ese caso, quizás debamos plantearnos la castración como método de cambiar la conducta mediante el método de eliminar las glándulas productoras de testosterona en los machos, o de los ovarios en las hembras.

También tendríamos que tener en cuenta que un perro feliz es aquel que cumple un rol dentro de la casa. Si tenemos un perro de carácter fuerte, como un bulldog, no es mala idea que en el futuro realice unas pequeñas tareas como “vigilante”. El perro también necesita sentirse útil.

Estando ahora en auge las especialidades deportivas en las que se forma equipo con el perro, como el canicross, no sería mala idea buscar algún perro de carácter equilibrado que le guste el juego. O uno tranquilo y cariñoso para perro de compañía.

 

La conducta.

 

Normalmente se cree que adiestrar a un perro es un proceso largo y complicado. Y en realidad no lo es tanto. Llegados a estas alturas, el lector ya debería intuir que la mejor forma de adiestrar a un perro es ponerle límites. Pero, ¿qué son los límites?

La misma conducta tiene varios niveles, básicamente la misma conducta puede ser correcta, inadecuada o intolerable depende de la circunstancia. Por ejemplo, imaginemos a un vigilante de seguridad con apoyo canino. Si el perro ladra cuando detecta la presencia de un intruso y se pone a la defensiva, es un comportamiento correcto, pues su función es detectar esa variable. Si ladra sin ningún motivo y de forma convulsiva, es un comportamiento inadecuado, pues está alterando el silencio necesario para que la parte humana del equipo desarrolle su función. Y si ladra y se pone a la defensiva contra el inspector de zona, es un comportamiento que al principio es inadecuado y se puede convertir en intolerable si ataca al compañero. Por lo tanto, el límite lo ponemos nosotros.

 

Nosotros tenemos que valorar inmediatamente la conducta de nuestro perro y actuar instintivamente ante los diversos comportamientos. Y el premio y el castigo dependen de nuestra capacidad de transmitir sentimientos con el lenguaje corporal. Si somos capaces de transmitir esos sentimientos veremos como el perro avanza cada vez más rápido en el aprendizaje.

 

Si el comportamiento es correcto, debemos darle el debido reconocimiento con caricias y cariño. Si es inadecuado, una leve corrección debería bastar, siempre y cuando ese comportamiento inadecuado no se transforme en intolerable por no corregirlo en el momento en el que se manifiesta. Por ejemplo, dos perros machos juegan a pelear. Se puede valorar como un comportamiento normal, (no correcto, porque jugar a pelear no es un juego inocente porque busca el establecimiento de una jerarquía. Tarde o temprano, si los dos perros tienen un carácter dominante se llegará a una serie de peleas que sólo terminaran cuando una de ellos ceda. Y a veces esto no sucede nunca. Por lo tanto no debemos permitir que los perros jueguen a pelear, sobre todo si vemos que se lanzan mordiscos al cuello. Otra cosa es si uno le muerde la pata trasera a otro a la altura del corvejón. Esto último sí es una incitación al juego. En estos juegos de violencia debemos estar al tanto de la expresión corporal de los perros. Si antes de empezar el juego agachan las patas traseras y miran de frente al otro moviendo el rabo es una expresión que significa que todo lo que pase es en broma. Si este juego empieza desde una posición dominante, es una señal de alarma. Debemos parar el juego inmediatamente.

En definitiva, cualquier tipo de agresión, desde un gruñido  hasta un mordisco, son comportamientos intolerables si lo que queremos es un perro que no sea de guardia y defensa. E incluso estos perros tienen sus límites marcados, como hemos dicho más arriba.

 

La conducta de un perro depende de los límites que le pongamos desde pequeñito. También la “licencia de cachorro” tiene sus límites, aunque hay que tener en cuenta que una de las consecuencias en caso de enfermedad es el mal humor con el consiguiente  cambio de carácter, aunque siempre la agresividad es intolerable.

 

 

Adiestramiento y amaestramiento.

 

Los animales se pueden clasificar según su relación con el hombre de diversas maneras. Animales salvajes y domésticos. Dentro de los domésticos en animales de granja, de trabajo, y mascotas.

 

Los perros, al igual que caballos, burros, bueyes, camellos y llamas, son animales de trabajo, que han sido seleccionados por sus capacidades físicas para realizar funciones especializadas dentro del entorno del hombre. Así, la clasificación de razas de la RSCE se basa en el trabajo que realizan. Pero aun así, los perros, al igual que los otros animales de trabajo, necesitan ser instruido en la labor que va realizar.

 

El aprendizaje de un animal de trabajo tiene dos objetivos: el adiestramiento y el amaestramiento. El adiestramiento, al igual que la doma, es un procedimiento en el que el animal se somete al hombre contra su voluntad, reconociéndole la total dominancia sobre la situación. En el amaestramiento, el animal tiene la potestad de someterse o no, dependiendo de que la situación lo requiera. Un perro adiestrado es un perro sometido, mientras que un perro amaestrado es sumiso o dominante, pero siempre respetuoso y equilibrado. En el adiestramiento domina la cadena, en el amaestramiento el respeto.

 

El perro amaestrado tiene infinitamente más posibilidades y capacidades que el perro adiestrado, pues es capaz de resolver situaciones por sí mismo sin la necesidad de la aprobación o corrección del humano. El perro que ha sido adiestrado solamente podrá resolver un problema si además ha sido amaestrado. De ahí la gran importancia de establecer límites. Un perro amaestrado mirará a los dos lados de la calle y sólo cruzará si no vienen coches. Es más, sólo cruzará por el sitio por donde crucen los peatones. Y puede llegar a ayudar a personas invidentes a cruzar la calle sin que hayan sido adiestrados para ese fin, de motus propio.

 

En el amaestramiento es esencial saber interpretar perfectamente las señales que nos manda el perro, de ahí que un perro amaestrado puede  “amaestrarnos” a nosotros en el lenguaje canino. Sólo tenemos que ser lo suficientemente humildes para aceptar que también ellos pueden decirnos cosas.

 

Y, sobre todo, tener paciencia. Las claves para amaestrar a un perro las podemos aprender en una sola tarde, porque en realidad sólo se basa en tres factores: cariño, respeto y fuerza de voluntad. Y en tres directrices: límites, límites y límites. Pero tener un perro amaestrado es cuestión de meses, en los que tendremos que desplegar una gran dosis de paciencia y tranquilidad, y no dejarse vencer nunca por los comportamientos intolerables. Si los arrancamos en cuanto aparecen nuestro pero será más gobernable en la primera fase de su desarrollo, en las que tiene que someterse a las dos únicas ordenes necesarias: “quieto” y “ven aquí”, o a sus variables, como “chist”, “eh”, “cam” “auss”, etc. estas órdenes y el sometimiento que implican son la base de la corrección de los comportamiento inadecuados, en los que al primer síntoma debemos aplicar un “quieto” seguido de un “ven aquí”. El perro comprenderá que ha hecho mal cuando manifestamos nuestro enfado. El perro al principio nos preguntará con una mirada si su actitud es la correcta, si necesita corrección, y es nuestro deber ser sus guías espirituales para que puedan alcanzar la felicidad haciendo lo que mejor se les da: Ser perros de provecho.

Como ejemplo este video de como se implanta la orden de calla. 
http://www.youtube.com/watch?v=u7pk4Yb0Gq4&feature=youtu.be

Habituar al perro a estimulos externos
http://www.youtube.com/watch?v=sBcRVW5gljk&feature=youtu.be

Más sobre habituación, con mejora de temple

http://www.youtube.com/watch?v=J7Xc63mr4xA